La semana pasada, Ana Lucía Pineda cumplió en París una agenda centrada en los artesanos, el emprendimiento y la moda colombiana. La visita incluyó reuniones, una muestra de diseño contemporáneo y contactos con actores institucionales y financieros para impulsar a productores del país.
Antes de la posesión, Pineda había dicho que quería tener «sello propio». En entrevista con Semana, aseguró: «Tendré mi sello propio... quiero laborar, dejar huella y crear un impacto. En eso me voy a enfocar». Esa promesa marcó el tono de una gira que, por ahora, busca traducirse en oportunidades para artesanos, diseñadores y emprendedores.
La primera dama viajó a la capital francesa para promocionar «el emprendimiento, la cultura y las tradiciones artesanales de Colombia» en escenarios internacionales. Según el reporte de El Colombiano, la agenda se articuló alrededor de Territorios Vivos, una iniciativa de Asodamas que buscaba llevar talento colombiano a la Semana de la Moda de París.
En esa apuesta participaron artesanos, diseñadores y emprendedores convocados por Pineda y por Taliana Vargas, gestora cultural de Cali. Durante la visita, la primera dama se reunió con la Cámara de Oficios de París y planteó trabajar entre ambos países para impulsar a los artesanos de Colombia, fortalecer conocimientos e intercambiar saberes.
Pineda explicó en sus redes sociales que esa cooperación contempla inmersiones académicas, alianzas, becas y oportunidades de formación y comercialización. Ese es el núcleo de la visita: no solo mostrar productos, sino abrir canales para que el trabajo artesanal entre a circuitos más amplios.
La agenda también tuvo un componente financiero. En uno de los encuentros, Pineda destacó el apoyo de Banco Serfinanza, entidad financiera respaldada por la Organización Olímpica, a 40 artesanos de 14 departamentos con acceso a créditos, con el propósito de fortalecer sus negocios.
«Agradecemos especialmente a sus directivos, quienes se sumaron a esta causa y reafirmaron su compromiso con el emprendimiento y el crecimiento de nuestros artesanos», señaló la primera dama.
El diseño colombiano también tuvo espacio. La diseñadora Manuela Álvarez, fundadora de MAZ, presentó una propuesta que mostró el diseño contemporáneo a través de técnicas artesanales. Unas 20 modelos colombianas expusieron la colección Oh My Heart.
La gestora cultural del departamento de Cundinamarca, Alexandra Pulido, detalló que el viaje se dio en el marco de una iniciativa que lleva 16 años en pie. En entrevista con Caracol Radio, Pulido señaló que llevaron a la capital francesa representantes del proyecto Casa social de la Mujer, una bandera que busca que las mujeres del país sean independientes económicamente. De ese proyecto han participado alrededor de 60.000 mujeres a lo largo de los años.
El rol de primera dama en Colombia es formalmente protocolario y sin sueldo. Tradicionalmente se ha asociado con la asistencia social y con el acompañamiento al presidente en actos oficiales, sin funciones constitucionales que obliguen a quien ocupa ese lugar a desarrollar una agenda específica. En ese margen, Pineda ha empezado a construir la suya alrededor del emprendimiento, la niñez, las mujeres y los adultos mayores.
Según la sentencia C-089A de 1994 de la Corte Constitucional, la primera dama «no ostenta el carácter de servidor público». También ha tenido un papel logístico en la coordinación de la atención después de los primeros días del terremoto, y ya había definido que su enfoque sería la niñez.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: la visita a París no fue un gesto decorativo, sino un intento de convertir capital simbólico en acceso a mercados, formación y crédito. En un país donde el emprendimiento suele chocar con la falta de oportunidades y la fragilidad financiera, cualquier puente que acerque a los artesanos a la comercialización merece ser observado con atención.
Los detalles cuentan la historia. Si la agenda logra que alianzas, becas y créditos se traduzcan en ventas, empleo e independencia económica, el beneficio será para miles de familias que viven de su trabajo. Si se queda en la vitrina internacional, la economía real habrá recibido mucho menos de lo prometido. Lo que está en juego no es solo la imagen de Colombia en París, sino la posibilidad de que la libre empresa artesanal encuentre espacio para crecer sin depender siempre del aparato estatal.


