Keiko Fujimori anunció este miércoles un «recorte de ideologías» en los nuevos libros de texto escolares de Perú. El anuncio forma parte de una reforma del sistema educativo que también incluye exigir el corte de pelo para los chicos y prohibir que acudan a clase con maquillaje.
Desde Breña, uno de los distritos de la provincia de Lima, la mandataria aseguró que los próximos materiales educativos no incluirán «ningún tipo de ideología». Según Fujimori, los nuevos contenidos han tenido una buena acogida entre docentes y padres de estudiantes.
La escena lo dice todo. La presentación del «Plan de distribución de materiales educativos para el Año Escolar 2027» sirvió como plataforma para unir dos frentes que, en el discurso oficial, aparecen conectados: el contenido de los libros y la conducta dentro de los colegios.
La presidenta dijo que el debate generado por sus anuncios de hace apenas dos días es «muy saludable». También señaló que la presentación del reglamento de disciplina permitirá recoger «las mejores opiniones».
Pero el mensaje político fue más allá del trámite administrativo. Fujimori insistió en que la discusión sobre las reformas educativas deja ver «claramente quiénes están a favor de la disciplina versus el desorden».
«Algunos críticos quieren minimizar señalando que todo el esfuerzo solo tiene que ver con el recorte de pelo, se equivocan. Acá hay una visión muy grande», dijo. Añadió que, así como los alumnos deberán venir «pulcramente», no solo habrá «recorte de pelo», sino también «recorte de la ideología en los textos escolares».
La mandataria prometió que todas estas medidas serán «irreversibles». En esa línea, el Gobierno peruano empuja una reforma que ya no se limita a la apariencia de los estudiantes, sino que también alcanza los contenidos que el Estado coloca frente a ellos.
Por su parte, la viceministra de Educación, Miriam Ponce, dijo que los nuevos textos se centran en el desarrollo integral de los estudiantes. También señaló que los que presentan aspectos ideológicos vienen siendo revisados «para evitar que existan sesgos».
Ponce sostuvo que el objetivo es que los alumnos respondan y realicen un análisis crítico de los contenidos, pero que esos contenidos sean «totalmente objetivos de la historia».
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El gobierno de Fujimori está moviendo la educación hacia un esquema de mayor disciplina y menor tolerancia a lo que llama ideología. El Estado no solo define qué se enseña. También pretende definir cómo se entra al aula.
Ese es el giro de fondo. En nombre del orden, el poder político amplía su alcance sobre la escuela y sobre los materiales que financia y distribuye. Para sus defensores, es una defensa de la disciplina y del mérito. Para sus críticos, es una señal de control sobre la enseñanza.
Los detalles cuentan la historia. Cuando un gobierno decide revisar textos, prohibir maquillaje y fijar el largo del pelo, no está haciendo un ajuste menor. Está marcando una frontera entre la educación como espacio abierto y la educación como instrumento de formación dirigida desde arriba.
El desenlace todavía no está escrito, pero el principio en juego sí está claro: cuánto margen tiene la sociedad para decidir sobre la escuela y cuánto poder conserva el aparato estatal para ordenar la vida escolar desde el centro.



