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Perú busca seguridad y capital: Fujimori lleva a Nueva York la apuesta por orden e inversión

Keiko Fujimori convirtió su paso por Naciones Unidas y Wall Street en un mensaje político y económico: sin seguridad no hay inversión, y sin inversión no hay empleo. En el centro de su relato quedó un Estado que promete reglas claras, protección jurídica y cooperación internacional para perseguir al crimen y atraer capital.
martes 29 de septiembre de 2026

Keiko Fujimori regresó de Nueva York con una tesis sencilla y ambiciosa: el Perú debe venderse al mundo como un país seguro para invertir y capaz de enfrentar al crimen organizado con más Estado, más coordinación y más inteligencia.

«Fuimos a las Naciones Unidas con dos mensajes muy claros», dijo: enfrentar y derrotar al crimen organizado, y afirmar que el Perú es un país en el que vale la pena confiar, invertir y construir futuro. A su juicio, ambos objetivos se sostienen entre sí. «Sin seguridad no hay inversión. Sin inversión no hay empleo», sostuvo.

La intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y las reuniones posteriores en Nueva York tuvieron como eje la misma idea: las organizaciones criminales ya no operan como delincuencia común, sino como redes que cruzan fronteras, mueven grandes sumas de dinero y conectan narcotráfico, minería ilegal, extorsión, secuestro, trata de personas y lavado de activos.

Por eso, afirmó, la respuesta no puede descansar en un solo país. Fujimori defendió la cooperación internacional como una herramienta de gestión, no como una señal de dependencia. «Tender puentes no es debilidad. Es política. Es gestión. Es Estado», dijo, al describir sus reuniones con Mónica Juma, directora de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, y su participación como miembro pleno del Escudo de las Américas, además del respaldo al Compromiso Regional de Santiago.

En esa misma línea, señaló que el objetivo de esas iniciativas es hacer que las fronteras que hoy aprovecha el crimen comiencen a ser usadas por los Estados para perseguirlo y derrotarlo. También insistió en que la lucha debe hacerse «dentro de la ley», con decisión política, cooperación internacional, inteligencia y fuerzas del orden profesionales y respaldadas por su Estado.

El viaje no se limitó a la seguridad. Fujimori también puso el foco en la preparación frente a desastres naturales. En una conversación con António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, habló sobre el Fenómeno El Niño y sobre el trabajo preventivo que nueve agencias de la ONU desarrollan en Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad.

La mandataria dijo que el país ya no puede seguir acostumbrándose a reconstruir después de las tragedias. Reconoció que el gobierno entrará en una etapa de preparación y mitigación de daños frente a un «mega fenómeno El Niño», al que calificó como quizá el más fuerte en muchas décadas. Aseguró que trabajan desde ahora para proteger vidas, viviendas, carreteras, puentes y producción.

En la trastienda económica del viaje, el mensaje fue todavía más claro: el Perú necesita inversión. Fujimori reunió a empresarios, inversionistas y representantes de la sociedad civil y la academia, entre ellos el Adam Smith Center for Economic Freedom, el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica, el Council of the Americas y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. Allí presentó una visión concreta: convertir al Perú en una gran plataforma logística y productiva de América Latina.

Para sustentar ese argumento, recordó que el país cuenta con más de cien mil millones de dólares en reservas internacionales, mantiene una de las inflaciones más bajas de la región y conserva instituciones económicas que, en su lectura, deben protegerse. En la Bolsa de Valores de Nueva York, además, destacó el Campanazo en Wall Street como una señal de visibilidad y confianza.

Su fórmula para el Estado también quedó delineada con nitidez. «El Estado debe establecer reglas claras, garantizar seguridad jurídica y facilitar la inversión», afirmó, antes de agregar que no debe convertirse en un obstáculo permanente para quien quiere producir y generar empleo.

La escena lo dice todo. La discusión ya no es solo cómo contener al crimen o cómo reaccionar ante un fenómeno climático extremo. El giro que propone Fujimori busca que el país compita por capital, empleo y credibilidad con una promesa de orden, previsibilidad y ley.

Ese es el terreno donde se juega el desenlace. Si el Estado cumple su papel de árbitro y garante, la inversión puede entrar y expandirse. Si la burocracia, la improvisación o la inseguridad dominan el tablero, el costo lo pagarán las empresas, los trabajadores y las familias que dependen de esa actividad. En un país que quiere crecer, la confianza no es un lujo: es la infraestructura invisible del desarrollo.

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