La escena lo dice todo: una hermana comprando vuelos de emergencia, dos hijos del desaparecido listos para abordar, y al otro lado del teléfono, silencio.
Mario Alberto Zapata Verdier, de 57 años, y Brenda Eloisa Flores Reyes, de 42, son la pareja de origen duranguense que figura en la lista de desaparecidos tras el terremoto de magnitud 7.4 que golpeó Pereira, Colombia, el lunes pasado. Hasta el cierre de esta edición, ninguno había sido localizado.
Su hermano Germán Zapata Verdier fue el primero en dar la voz de alerta a través de Facebook. «La fe y la esperanza se mantienen firmes», escribió, al tiempo que agradeció el apoyo recibido y confirmó que tanto las autoridades colombianas como la Embajada de México en Colombia están coordinando la búsqueda. «Las autoridades de Colombia y la embajada de México en Colombia nos están apoyando», precisó en otra publicación.
Por su parte, Adriana Mireles describió en redes sociales el estado emocional de las familias: momentos de «mucha angustia y desesperación», a la espera de cualquier noticia.
Fue Alessa Reyes, hermana de Brenda Eloisa, quien resumió con una frase la desesperación de quienes esperan desde México: «De alguna manera tengo que traerla de regreso y tengo la esperanza de que sea con vida». Horas después de ese mensaje, Alessa informó que ya tenía los vuelos comprados y que viajaría acompañada de dos de los hijos de Mario Alberto. Aun así, lanzó una colecta para cubrir los gastos imprevistos que pudieran surgir durante la búsqueda en terreno.
«Jamás imaginé estar en esta situación; cuando yo miraba personas desaparecidas, decía qué martirio vivir esa situación, y hoy que la vivo, desgraciadamente ellos tan lejos, se siente peor porque no podemos hacer muchas cosas desde aquí», escribió.
La Embajada de México en Colombia emitió un comunicado en el que detalló las gestiones realizadas desde que se tuvo conocimiento del caso. Según la representación diplomática, se realizaron las gestiones necesarias para la inclusión oficial de la pareja en la lista de desaparecidos y se estableció coordinación directa con grupos de rescate de la Cruz Roja Colombiana. Además, se transmitió la prioridad ante el Puesto de Mando Unificado nacional, canalizada por la agregaduría de la SEDENA adscrita a esa embajada.
Los detalles cuentan la historia: la pareja se encontraba en la Alcaldía de Pereira al momento del sismo, según la información recibida por la embajada. Ese dato geográfico es el único hilo del que tiran los equipos de rescate.
El terremoto de 7.4 que sacudió la región cafetera de Colombia dejó una estela de destrucción cuyo balance definitivo aún se construye. En ese contexto, la historia de Mario Alberto y Brenda Eloisa no es un caso aislado: es el rostro humano de una catástrofe que cruza fronteras y obliga a familias enteras a reorganizar sus vidas en cuestión de horas.
Para Hemisferio, el episodio pone en primer plano algo que suele perderse en los recuentos de víctimas y cifras de daños: la carga que recae sobre los ciudadanos cuando el Estado llega tarde o llega lejos. Que una hermana tenga que financiar con donaciones populares su viaje de búsqueda, mientras espera que la burocracia consular complete sus trámites, ilustra una brecha que ningún protocolo diplomático ha logrado cerrar del todo. La coordinación anunciada por la embajada es un paso necesario; la pregunta que queda abierta es si llegará a tiempo.



