La escena lo dice todo. El viernes 17 de julio, a través de un comunicado oficial, el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, presentó a Paola Holguín como la próxima ministra de Cultura. La designación no fue un trámite burocrático: fue una declaración de intenciones sobre el rumbo que tomará la política cultural colombiana a partir del 7 de agosto.
Holguín llega al cargo con un perfil poco habitual para esa cartera. Comunicadora social y periodista egresada de la Universidad Pontificia Bolivariana, con posgrados en Estudios Políticos y en Seguridad y Defensa Nacional, pasó doce años en el Senado de la República —entre 2014 y 2026— bajo las banderas del Centro Democrático. En ese período impulsó iniciativas de protección patrimonial, entre ellas la ley que declaró al carriel antioqueño como patrimonio cultural de la nación. Es, además, autora de dos libros sobre la administración del expresidente Álvaro Uribe Vélez: Uribe de carne y hueso y Desde el escritorio del presidente.
De la Espriella fue preciso en el encargo. Según el comunicado oficial, la futura ministra asumirá la dirección de la cartera con el objetivo de liderar una transformación institucional orientada a fortalecer la libertad creativa y la proyección internacional del talento nacional. El nuevo jefe de Estado enfatizó que la gestión del ministerio se distanciará de las preferencias políticas para concentrar esfuerzos en la formación de públicos, el respaldo a los artistas y la formalización de saberes tradicionales.
La estrategia gubernamental, según el equipo de transición, buscará consolidar el patrimonio y las industrias culturales del país como motor clave para el desarrollo económico, el reconocimiento global y la cohesión social de las regiones. El perfil difundido por ese equipo subraya que el enfoque sectorial priorizará la transformación del entorno cultural colombiano en un ecosistema de escala global.
Con este nombramiento, Holguín se convierte en la sexta mujer en integrar el equipo de gobierno. El gabinete avanza: de los 18 ministros titulares, 15 ya han sido ratificados. Quedan pendientes únicamente las designaciones para las carteras de Salud, Trabajo y Ciencia.
Los detalles cuentan la historia. El contraste con la gestión saliente no podría ser más nítido: mientras el gobierno de Gustavo Petro utilizó el Ministerio de Cultura como plataforma para un proyecto ideológico de largo aliento —con énfasis en la «economía popular» y la narrativa del cambio—, De la Espriella apunta a convertir la cultura en un activo económico exportable, con reglas claras y distancia del aparato partidario.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La elección de una figura del Centro Democrático, con raíces en la provincia antioqueña y trayectoria en seguridad y defensa, no es casual: señala que el nuevo gobierno entiende la cultura no como trinchera política sino como industria con potencial de mercado. La libertad creativa que De la Espriella invoca en su comunicado es, en el fondo, la misma lógica que anima el resto de su programa: menos Estado como árbitro del gusto, más espacio para que el talento colombiano compita y se proyecte sin tutelas burocráticas. Si Holguín logra traducir ese mandato en política concreta, Colombia podría recuperar terreno en una cartera que durante años funcionó como caja de resonancia ideológica antes que como palanca de desarrollo.



