La planilla del sector público panameño superó la barrera de los 270 mil funcionarios en agosto de 2026. La Contraloría General de la República contabilizó 270,301 trabajadores, el registro mensual más elevado de los primeros ocho meses del año.
La cifra marcó un aumento de 17,263 empleados frente a enero, cuando el Estado registraba 253,038 servidores. El crecimiento fue de 6.8% en los primeros ocho meses del año.
También hubo alzas en la comparación mensual e interanual. Entre julio y agosto, la nómina estatal creció en 1,032 funcionarios, equivalente a 0.4%. Frente a agosto de 2025, cuando había 264,774 trabajadores, el salto fue de 5,527 personas, o 2.1%.
La evolución de 2026 muestra una expansión casi continua. En febrero había 257,904 funcionarios; en marzo, 263,627; y en abril, 265,164. La planilla llegó a 269,185 empleados en mayo y 269,997 en junio. Luego retrocedió a 269,269 en julio y estableció un nuevo máximo anual en agosto.
Del total registrado en agosto, 249,839 tenían condición permanente y 20,462 eran eventuales. El Gobierno Central concentraba 175,532 funcionarios, mientras el sector descentralizado reunía 94,769.
La expansión no fue uniforme. Entre julio y agosto, el Gobierno Central sumó 1,516 funcionarios. En cambio, el sector descentralizado redujo 484 trabajadores.
El Ministerio de Educación encabezó los aumentos. Incorporó 656 funcionarios adicionales respecto a julio y llegó a 68,519 trabajadores. Desde enero, cuando contabilizaba 58,476 empleados, sumó 10,043 personas. Fue el mayor crecimiento absoluto entre las entidades públicas.
La Asamblea Nacional ocupó el segundo lugar. Pasó de 3,284 funcionarios en julio a 3,712 en agosto, un aumento de 428 trabajadores, equivalente a 13%. El movimiento ocurrió durante la presidencia de la diputada Shirley Castañeda, que asumió la conducción del Legislativo en julio. Frente a enero, cuando tenía 3,144 empleados, el aumento acumulado fue de 568 personas, o 18.1%.
En tercer lugar apareció el Ministerio de Gobierno, con 279 funcionarios adicionales en agosto, hasta 4,464 trabajadores. Desde enero acumula un aumento de 1,233 empleados.
Le siguió el Ministerio de Salud, con 222 trabajadores más que en julio, para llegar a 20,708 funcionarios. Frente al inicio del año, el alza fue de 1,184.
El Ministerio de la Presidencia sumó 119 funcionarios entre julio y agosto, hasta 2,322 trabajadores. El Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral agregó 67 empleados durante agosto y alcanzó 939 funcionarios, 151 más que al comenzar 2026.
La Caja de Seguro Social elevó su nómina hasta 35,187 trabajadores. El Órgano Judicial incorporó 37 funcionarios respecto a julio y llegó a 7,614 personas, con 330 más desde enero.
Las últimas dos posiciones entre las diez entidades con mayores aumentos correspondieron al Ministerio de Ambiente, con 29 funcionarios más en agosto y un total de 1,774 trabajadores, y a la Lotería Nacional de Beneficencia, que sumó 27 para llegar a 1,561. Desde enero, Ambiente acumula 367 empleados adicionales, mientras la Lotería registra un crecimiento neto de apenas diez personas.
La escena lo dice todo. Mientras el Estado siguió expandiendo su plantilla, el gasto bruto mensual en salarios también subió. En agosto llegó a $462.6 millones.
La cifra supera en $1.9 millones la registrada en julio y representa un incremento de $11.9 millones frente a agosto de 2025, equivalente a 2.6%.
Durante los primeros ocho meses de 2026, el sueldo bruto acumulado ascendió a $3,603.7 millones. En igual período de 2025 había sido de $3,438.9 millones. La diferencia fue de $164.8 millones, equivalente a 4.8%.
Del desembolso mensual de agosto, $438 millones correspondieron a funcionarios permanentes y $24.6 millones a eventuales. Por distribución institucional, el Gobierno Central representó $292 millones y el sector descentralizado acumuló $170.6 millones.
El informe comprende 96 entidades públicas y excluye la Autoridad del Canal de Panamá y la mayoría de los municipios, entre otras categorías. Tampoco incorpora determinados pagos extraordinarios, por lo que las cifras corresponden al alcance específico de la planilla examinada y no representan la totalidad de las obligaciones laborales del Estado.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: los números muestran una administración pública más grande y más costosa. En un país donde cada peso del presupuesto sale, al final, del bolsillo de los contribuyentes, la expansión de la nómina plantea una pregunta incómoda sobre prioridades, productividad y disciplina fiscal.
El giro no es menor. Cuando el empleo estatal crece más rápido que el resto de la economía, el incentivo político es evidente: sostener una maquinaria de gasto que se alimenta de dinero público. Los detalles cuentan la historia. La discusión de fondo ya no es solo cuántos funcionarios hay, sino cuánto cuesta mantener esa estructura y qué recibe la ciudadanía a cambio.


