En Panamá, la formación en salud da un giro que mezcla tecnología, simulación y acceso público. El Centro Regional para Adiestramiento y Simulación en Salud (CREASS-AIP) abrió sus salas a la población panameña para enseñar primeros auxilios, reanimación cardiopulmonar (RCP) y respuesta ante emergencias.
La iniciativa, adscrita al Ministerio de Salud de Panamá (Minsa), no se limita al personal sanitario. También está dirigida a ciudadanos sin formación médica previa. La escena lo dice todo: en las mismas salas pueden entrenarse médicos, técnicos, personal administrativo y particulares.
Una nota de prensa oficial señala que el centro ofrece cursos básicos y avanzados de soporte vital, primeros auxilios y formación para primeros respondientes. Los espacios reciben a personas interesadas en aprender RCP, maniobras ante atragantamientos y técnicas para actuar frente a accidentes, fracturas o paros cardíacos.
La lógica del programa es simple y, a la vez, decisiva. La ayuda inicial antes de que lleguen los equipos de socorro puede marcar la diferencia. La doctora Anabelys Batista, médica general e instructora de Soporte Vital Básico y Cardiovascular Avanzado del CREASS-AIP, lo resumió con una frase directa: «Los primeros minutos son vitales».
Batista afirmó que una intervención inicial puede ayudar a preservar la vida hasta que lleguen los equipos especializados. También sostuvo que el CREASS-AIP es un centro de entrenamiento acreditado por la American Heart Association (AHA), certificación que respalda los programas de reanimación cardiopulmonar y atención de emergencias cardiovasculares que dicta la institución.
La propuesta combina formación especializada para el personal sanitario con programas para la ciudadanía. Según explicó la doctora Lourdes Cortés, asesora del Despacho Superior del Minsa y presidenta de la Junta Directiva del CREASS-AIP, junto con la directora del centro, la doctora Melva Cruz, la oferta académica contempla distintos niveles de capacitación según el perfil de cada participante.
Esa separación de niveles no es menor. Permite que quien trabaja en salud practique procedimientos más complejos, mientras que cualquier persona aprende a reaccionar en escenarios cotidianos. Un accidente en casa, una emergencia en una escuela o una crisis en un centro comercial dejan de depender solo del aparato estatal y de sus tiempos de respuesta.
Las instalaciones están equipadas para reproducir escenarios clínicos y de emergencia en condiciones controladas. Los participantes pueden practicar procedimientos, corregir errores y mejorar sus respuestas antes de aplicar esas destrezas en situaciones reales. El centro dice que esa simulación busca mejorar las competencias del personal sanitario y reforzar la seguridad de la atención.
El proyecto surgió de un convenio interinstitucional en el que participan la Caja de Seguro Social, la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Ciudad del Saber. Ese dato importa porque muestra una red pública y mixta detrás de una herramienta que, en teoría, debería producir más capacidad instalada y menos dependencia de la improvisación.
El CREASS-AIP incorporó además la plataforma de simulación de cirugía robótica Da Vinci, diseñada para entrenar procedimientos quirúrgicos tridimensionales en un entorno seguro. El doctor Francisco Yanisselly, especialista del equipo de simulación, explicó que la tecnología abre opciones de formación en urología, ginecología y cirugía general.
Yanisselly indicó que el sistema reproduce con precisión los movimientos que realiza el cirujano durante una intervención y que la tecnología robótica permite operar en tres dimensiones. Según dijo, esa disponibilidad permite capacitar a médicos del país en distintas especialidades y fortalecer la seguridad de los procedimientos para los pacientes.
El CREASS-AIP mantiene programas de formación continua con costos accesibles para hospitales, escuelas, centros comerciales y personas interesadas en aprender a responder ante emergencias. El giro es claro: la capacitación deja de ser un privilegio encerrado en el aula hospitalaria y se convierte en una herramienta extendida a la vida diaria.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que Panamá decidió poner simuladores, certificaciones y cursos al servicio de más gente. Los detalles cuentan la historia. Cuando la preparación se abarata y se amplía, gana la sociedad. Cuando más personas saben responder antes de que llegue la ambulancia, pierde terreno la fragilidad institucional y gana espacio la responsabilidad individual.
También hay una lección de fondo para el sector público: no todo progreso depende de gastar más, sino de organizar mejor la formación y usar tecnología para multiplicar capacidades. En salud, como en otros ámbitos, el buen uso de la innovación puede salvar tiempo, dinero y vidas.



