Leonardo Padura recibió en Barcelona el Premio Liber 2026, otorgado por la Federación de Gremios de Editores de España, después de pasar por el Festival Latinoamericano de Biarritz, donde habló ante 900 personas y firmó libros durante hora y media.
Antes de la gala, el escritor cubano habló de literatura, de nuevos proyectos y también de la crisis social y económica que atraviesa Cuba. Su nuevo libro con Mario Conde, explicó, se sitúa en la Cuba de 2025 y muestra un país distinto al de 2016, cuando —según su recuerdo— todavía existía una sensación de esperanza vinculada al deshielo con Estados Unidos.
Padura sostuvo que aquel momento no fue aprovechado por el gobierno cubano como debía y que después llegaron Trump, la pandemia y Biden, sin cambios en la política hacia Cuba, antes del retorno de Trump con una política que describió como «muy agresiva».
«La situación de esperanza de 2016 se ha convertido en un infierno cotidiano para la mayoría de la gente de la Cuba de hoy», dijo. Y añadió una pregunta que resume su mirada sobre la presión exterior: «¿Esa política estadounidense quiere cambiar el régimen cubano? Porque no lo ha conseguido y lo que sí ha pasado es que se hace sufrir a los cubanos».
En otra parte de la entrevista, Padura retomó una distinción que le había hecho Manuel Vázquez Montalbán en 1991 en La Habana: separar al gobierno cubano de la gente de Cuba. A su juicio, esa perspectiva «se ha perdido» y hoy «están castigando al gobierno cubano, pero el gobierno cubano sigue y es la gente de Cuba la que está sufriendo».
El escritor también describió su propia vida cotidiana en la isla. Dijo que sufre cortes de electricidad y de agua, y contó que tuvo que ir a casa de otras personas con seis bidones para conseguir agua potable en su hogar de La Habana. Entre risas, reveló un chiste con su mujer, Lucía, sobre esas tareas domésticas y se preguntó: «¿Te imaginas a Vargas Llosa haciendo esto, cargando agua como un negro, con ese talante de caballero inglés que tenía?».
Más serio, aseguró que vivir en esas condiciones supone «mucho desgaste psicológico». También reconoció que en Cuba «se ha somatizado la pobreza, la gente la ha asumido, tratando de sobrevivir», aunque sin movimientos organizados contra el Gobierno, pero sí con «mucho descontento e inconformidad».
Padura recibió el Premio Liber 2026 por su «capacidad para contar historias», por una «trayectoria de gran proyección internacional» y por la «riqueza de registros y géneros» de su obra. Recordó que comenzó a publicar en Tusquets en 1996 y que desde entonces no ha dejado de viajar a España, donde recibió distinciones como el Premio Princesa de Asturias de las Letras, el Pepe Carvalho o el Barcino.
Tras recoger la distinción, participó en Cosmopoética, la próxima semana parará en Madrid y luego viajará a México. También dijo que durante el año dedica seis meses a escribir y los otros seis a la promoción, entre festivales y actos literarios en distintos países.
La historia de Padura funciona como una postal incómoda de la Cuba actual: un país donde la rutina doméstica depende de bidones, apagones y arreglos improvisados, mientras el aparato estatal sigue intacto y la gente asume el desgaste como parte de la supervivencia. Para el lector, el dato central no es solo la fragilidad material, sino el costo humano de una crisis que se prolonga sin soluciones visibles.
Ese es el punto de fondo que importa: cuando el Estado no garantiza lo básico, el peso cae sobre el ciudadano común. En esa grieta entre la propaganda, la precariedad y la resignación, la vida diaria termina convirtiéndose en el verdadero termómetro del fracaso.



