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Ozu en Xoco: doce películas y un benshi en vivo para redescubrir el alma japonesa

La Cineteca Nacional y la Fundación Japón México inauguraron una retrospectiva de Yasujirō Ozu que permanecerá hasta el 2 de agosto de 2026, con proyecciones especiales que recuperan la tradición del narrador en vivo.
Imagen ilustrativa
domingo 26 de julio de 2026

La escena lo dice todo. El 26 de julio, en la sala de Xoco, la película muda He nacido, pero… (1932) cobró vida no solo en la pantalla sino también en la voz de un benshi —narrador en vivo— acompañado por música en directo. Era la inauguración de la retrospectiva dedicada a Yasujirō Ozu, organizada por la Cineteca Nacional en colaboración con la Fundación Japón México.

El ciclo contempla doce películas que recorren más de tres décadas de la trayectoria del realizador nacido en 1903, y permanecerá abierto al público hasta el 2 de agosto de 2026 en la sede de Xoco.

Más de veinte años de alianza cultural

La colaboración entre ambas instituciones supera ya las dos décadas. En ese tiempo han organizado ciclos dedicados al anime de posguerra, al director Akira Kurosawa y a los grandes exponentes del cine de terror japonés. Esta retrospectiva de Ozu es la última entrega de ese intercambio constante.

Durante la ceremonia inaugural, la directora general de la Cineteca Nacional, Marina Stavenhagen, subrayó la importancia de seguir ofreciendo retrospectivas de autores fundamentales para la historia del cine y destacó que la alianza ha permitido consolidar una programación que acerca al público nacional algunas de las obras más importantes de la cinematografía nipona.

El embajador de Japón en México, Kozo Hensei, definió al cineasta con precisión: «Yasujirō Ozu plasmó a la sociedad japonesa de sus tiempos y la vida cotidiana del Japón de la posguerra, mostrando la realidad con una sensibilidad y humanidad únicas». Agregó que las películas del realizador representan una invitación a contemplar la vida con calma, alejadas del ritmo acelerado que caracteriza a la sociedad contemporánea.

El benshi, una figura irrepetible

Antes de la proyección inaugural, Akiko Sasaki explicó al público el papel histórico del benshi. A diferencia de lo que ocurría en otros países, donde las películas mudas dependían únicamente de intertítulos y música, en Japón era habitual que un narrador permaneciera frente a la pantalla interpretando las escenas, leyendo los diálogos y aportando matices dramáticos mediante su voz.

Esa tradición convirtió al benshi en un auténtico intérprete de cada obra: la misma película podía ofrecer lecturas distintas según el estilo del narrador y el acompañamiento musical de cada función. La Cineteca advierte que se trata de una experiencia poco frecuente fuera de Japón, y la función inaugural buscó recrearla mediante una puesta en escena que integró imagen, narración oral y música en vivo.

El universo Ozu

La filmografía de Ozu se distingue por explorar las relaciones familiares, el paso del tiempo, el conflicto entre tradición y modernidad y los cambios sociales del Japón del siglo XX. Su estilo visual es inconfundible: encuadres bajos, cámaras prácticamente inmóviles, composiciones simétricas y una narrativa pausada que privilegia los silencios, los gestos cotidianos y las emociones contenidas.

Películas como Cuentos de Tokio (Tokyo Story), Primavera tardía (Late Spring) y Buenos días (Good Morning) son consideradas referentes universales del cine humanista e influyeron en generaciones de realizadores de todo el mundo, desde cineastas asiáticos hasta autores europeos y estadounidenses.

Lo que está en juego

La retrospectiva llega en un momento en que la oferta cultural pública en México enfrenta presiones presupuestarias y debates sobre prioridades institucionales. Que la Cineteca Nacional sostenga durante más de veinte años una alianza con la Fundación Japón México —y la materialice en programaciones de esta envergadura— habla de lo que puede lograr la cooperación entre instituciones cuando el objetivo es el patrimonio y no la agenda política del momento.

El cine de Ozu, precisamente, celebra lo que las burocracias suelen ignorar: la vida doméstica, los vínculos familiares, la herencia transmitida de generación en generación. Esos valores, filmados con austeridad y sin estridencias, siguen siendo más contemporáneos que muchas producciones diseñadas para durar un ciclo de noticias. Doce películas, un benshi en vivo y la sala de Xoco hasta el 2 de agosto: la invitación está abierta.

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