La jornada en el Parque O’Higgins dejó una postal poco habitual para el arranque de las Fiestas Patrias: Claudio Orrego, Mario Desbordes y Christopher White, autoridades de signos políticos distintos, compartieron el tradicional pie de cueca y luego cerraron filas en torno a un mismo diagnóstico. La escena lo dice todo.
El Presidente José Antonio Kast dio el vamos a las fondas del Parque O’Higgins, acompañado por ministros de su gabinete, subsecretarios, alcaldes y concejales. Entre los invitados estuvieron Orrego, gobernador Metropolitano, y Desbordes, alcalde de Santiago, quienes participaron en el baile inicial de las festividades. También asistió White, alcalde de San Bernardo.
Después de la ceremonia, los tres hicieron un llamado a la unidad para enfrentar los desafíos del país, con especial énfasis en la seguridad. Orrego dijo que es bueno ver a políticos que piensan distinto compartiendo tradiciones chilenas y también anhelos como la soberanía sobre el Estrecho de Magallanes, la historia del país y los temas de seguridad.
Pero su mensaje fue más allá de la foto. Sostuvo que hay que pasar de las declaraciones de intención a los hechos concretos, y afirmó que el gobierno tiene que tomar la iniciativa. Además, dijo que le encantaría que el Presidente Kast hiciera eso también con la oposición, porque «Chile lo construimos entre todos y aquí no sobran manos, faltan».
Desbordes, por su parte, insistió en que el tema de la seguridad debe dejar de ser parte de la contingencia política y transformarse en un asunto de Estado. Dijo que este momento de inflexión obliga a mirar el problema con esa lógica y expresó su expectativa de que ese espíritu de unidad se extienda más allá de las Fiestas Patrias.
El alcalde de Santiago agregó que, aunque existen diferencias políticas y miradas distintas, en algunos temas sí es factible ponerse de acuerdo, y expresó su deseo de que la agenda de seguridad sea uno de ellos.
White llevó el debate todavía más lejos. El alcalde de San Bernardo, que recientemente fue víctima de amenazas del crimen organizado, dijo que todos deben hacer un esfuerzo para encontrar un punto intermedio y no solo unirse para cantar el himno nacional, sino también para trabajar contra el crimen organizado.
Al referirse a lo que vivió, sostuvo que esa experiencia es parecida a la que enfrentan miles de vecinos diariamente. Por eso planteó que el problema es «el crimen organizado versus la democracia» y advirtió que hay países vecinos que perdieron esa pelea porque no fueron capaces de poner un cerco y frenarlo.
White añadió que Chile todavía tiene la oportunidad de hacerlo, pero que para eso necesita autoridades que vayan un poco más allá. También hizo una autocrítica y dijo que desde el mundo que representa hay que buscar puntos de encuentro con quienes tienen diferencias legítimas, para llegar a un punto medio.
Además, llamó al oficialismo a hacer lo propio, al señalar que a veces parece incomprensible que el mismo equipo del Presidente genere problemas para su propio Presidente. A su juicio, hace falta un esfuerzo mancomunado, desde la humildad y con disposición a ceder.
En el fondo, la foto de las fondas dejó una señal política y otra institucional. La primera es que, al menos en materia de seguridad, el costo de seguir en la trinchera partidaria ya empieza a verse demasiado alto. La segunda es que el crimen organizado no espera los tiempos de la burocracia ni las conveniencias del debate político.
Para la ciudadanía, el mensaje importante es que la seguridad no admite más tratamiento decorativo. Si las autoridades de distinto signo dicen querer actuar juntas, el estándar ahora es pasar del gesto a la acción. Ahí se mide quién está dispuesto a defender de verdad el orden, la libertad de los vecinos y la capacidad del Estado para llegar antes que la violencia.


