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OnlyMarms: marmotas en suscripción

El segundo estudio más largo del mundo sobre mamíferos identificados individualmente perdió fondos federales y ahora busca sobrevivir con suscriptores en OnlyFans. Hasta ahora ha reunido 4.500 dólares, una fracción de lo que recibía del Estado.
Imagen ilustrativa
sábado 8 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un biólogo sentado en una pradera de Colorado, esperando que aparezcan las marmotas, recuerda un episodio de una serie de televisión sobre una madre que paga sus facturas con OnlyFans. De ese momento nació «OnlyMarms», la cuenta que el equipo de Daniel Blumstein, de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), lanzó desde finales de mayo para mantener vivo un proyecto de investigación con 64 años de trayectoria.

El estudio sobre marmotas de vientre amarillo de las Montañas Rocosas de Colorado es el segundo más largo del mundo sobre mamíferos identificados individualmente. Durante seis décadas, los investigadores han seguido el comportamiento y los linajes de estos animales —los miembros de mayor tamaño de la familia de las ardillas— para comprender, entre otras cosas, cómo reaccionan los mamíferos ante los cambios ambientales.

El problema llegó cuando la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) retiró el financiamiento. El equipo intentó renovarlo en tres ocasiones. En las tres, el comité evaluador lo negó con el argumento de que el estudio, desarrollado en colaboración con el Rocky Mountain Biological Laboratory, tenía demasiados datos. «Me pareció algo absurdo, tratándose de un programa del Gobierno estadounidense creado específicamente para financiar estudios a largo plazo», declaró Blumstein a la agencia EFE.

La pérdida de fondos se produjo en un contexto de recortes drásticos en programas de investigación y sanciones a universidades que, según la fuente, fueron impulsados por el presidente Donald Trump, aunque la negación específica de este proyecto fue resuelta por el comité evaluador de la NSF.

Ante ese callejón, el equipo optó por la creatividad. La cuenta «OnlyMarms» ofrece «contenido de marmotas sin censura»: la vida cotidiana de individuos como Jamba Juice y Egg, filmados en detalle en las Rocosas. Emily Renkey, estudiante del laboratorio, bautizó la cuenta. La consigna elegida: «las marmotas también necesitan dinero».

La puesta en marcha no estuvo exenta de tropiezos. Al intentar crear la cuenta, Blumstein tuvo que subir una foto de su licencia de conducir para verificar su mayoría de edad. La plataforma rechazó la solicitud porque el rostro de la licencia no coincidía con el de los videos. «Fracasamos porque yo no me parezco a una marmota», contó entre risas. Un correo electrónico explicando el propósito científico de la cuenta como una «forma novedosa» de buscar financiación convenció finalmente a los administradores de OnlyFans.

Los detalles cuentan la historia. Hasta el momento, «OnlyMarms» ha recibido alrededor de 4.500 dólares en donaciones. Los fondos ayudan, pero representan, según el propio Blumstein, «muy poco» frente a las subvenciones federales negadas. El científico también impulsa el «Fat Marmot Week», un concurso para elegir a la marmota más bella con sobrepeso antes de la hibernación —las marmotas pueden llegar a triplicar su peso corporal durante el verano antes de hibernar cinco meses—.

Blumstein es explícito sobre el significado del experimento: «OnlyMarms no es un proyecto sobre marmotas; es una historia sobre la destrucción de la educación superior y de la financiación científica en Estados Unidos». Y remata con una frase que resume el estado de ánimo del equipo: «Gran parte de esto es divulgación científica: nos reiremos mientras el barco se hunde».

Para Hemisferio, el caso ilustra una tensión de fondo que va más allá del humor. Que un estudio de 64 años de antigüedad, el segundo de su tipo en el mundo, tenga que financiarse con suscripciones de cinco dólares en una plataforma de entretenimiento adulto revela el costo real de desmantelar estructuras de financiamiento científico sin un modelo alternativo. El debate legítimo sobre el tamaño y la eficiencia del aparato estatal de investigación no puede ignorar ese dato. Reducir el gasto público tiene consecuencias medibles; la pregunta que queda abierta es quién, fuera del Estado, está dispuesto a pagar por el conocimiento que tarda décadas en producirse.

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