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Once peruanos muertos en la guerra de Rusia

La Cancillería confirma 11 fallecidos, 114 desaparecidos y 3 capturados entre los 459 ciudadanos que se enlistaron en las fuerzas armadas rusas. Redes de falso empleo están en el centro de las investigaciones.
Imagen ilustrativa
lunes 10 de agosto de 2026

Los números llegaron en un comunicado oficial fechado el 9 de agosto. Once ciudadanos peruanos han muerto combatiendo bajo bandera rusa en Ucrania. Otros 114 permanecen desaparecidos. Tres fueron capturados por el Ejército ucraniano. El Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú los contabiliza dentro de un universo de 459 compatriotas de los que se tiene conocimiento oficial de su enlistamiento en las fuerzas armadas de Rusia.

La escena lo dice todo: familias apostadas frente a la Embajada de Rusia en Lima, esperando noticias de hijos, hermanos o esposos que dejaron de responder el teléfono después de viajar al otro lado del mundo con la promesa de un trabajo.

El mecanismo del engaño

Los detalles cuentan la historia. Según testimonios recogidos por medios peruanos y recogidos en el comunicado de la Cancillería, varias de las personas afectadas fueron contactadas a través de redes de reclutamiento que ofrecían empleos civiles: cocineros, vigilantes, cuidadores, personal de limpieza. Buenos ingresos, labores sin riesgo. Una vez en territorio ruso, según estas denuncias, fueron trasladadas a instalaciones militares y se les pidió firmar contratos redactados en ruso, un idioma que la mayoría no comprende.

Uno de los ciudadanos que logró comunicarse desde Rusia relató que había viajado con la expectativa de realizar labores de limpieza. Según su testimonio, al llegar fue obligado a firmar documentos cuyo contenido desconocía y terminó en una zona vinculada al conflicto.

El caso está siendo investigado en Perú bajo la figura del presunto uso de falsas ofertas laborales para captar y trasladar ciudadanos fuera del país, lo que encuadra en los delitos de trata de personas.

Lo que la Cancillería ha podido hacer

En medio del drama, la respuesta consular ha sido limitada pero real. La Cancillería informó que ya ha conseguido evacuar a 31 compatriotas vinculados a esta problemática: 28 retornaron al Perú, mientras que otros tres permanecen en Europa por decisión propia.

Los cuatro casos más recientes corresponden a jóvenes que lograron escapar del reclutamiento forzado y se encontraban en situación de vulnerabilidad en territorio ruso. Dos fueron asistidos por la sección consular de la Embajada del Perú en Moscú y ya están con sus familias en el país. Los otros dos habían recibido asistencia a finales de julio. Para el proceso de retorno, el Ministerio de Relaciones Exteriores contó con el apoyo del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables y del Ministerio de Salud.

La Cancillería recordó que prestar servicio militar para un Estado extranjero requiere autorización previa del Gobierno peruano, conforme a la Constitución, y reiteró su llamado a denunciar a los presuntos reclutadores ante el Ministerio Público y la Policía Nacional.

Para quienes busquen ayuda, la Sección Consular de la Embajada del Perú en Moscú atiende emergencias a través del número +7 985 389 06 60, disponible para llamadas y WhatsApp. Para ciudadanos en Ucrania, la sección consular con sede en Varsovia dispone del número +48 601 083 987.

La trastienda del reclutamiento

Para entender el presente hay que volver a esa semana en que cientos de peruanos tomaron vuelos hacia Rusia convencidos de que iban a trabajar. Lo que el caso revela no es solo la brutalidad de una guerra lejana, sino la vulnerabilidad de ciudadanos que, ante la falta de oportunidades en casa, aceptaron ofertas que ningún Estado serio debería dejar circular sin consecuencias.

El aparato estatal peruano llegó tarde, como suele llegar: cuando ya había once ataúdes y más de un centenar de familias sin respuesta. La pregunta que queda abierta no es solo cuántos más están atrapados, sino cuántos reclutadores siguen operando con impunidad en suelo peruano mientras las investigaciones avanzan a su propio ritmo. Once muertos y 114 desaparecidos son el precio de esa lentitud.

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