La escena lo dice todo. Un barco pesquero cruza aguas restringidas frente a las costas de Panamá. Las autoridades lo detectan, pero antes de imponer una sanción piden una segunda opinión. La respuesta llega desde una pantalla: datos satelitales, trayectorias, patrones. La tecnología no reemplazó a los inspectores; los hizo más certeros.
Eso es, en síntesis, lo que está ocurriendo en el Pacífico Este Tropical (PET), una vasta zona marina frente a las costas de América Latina que conecta joyas naturales como la Isla del Coco en Costa Rica, las Galápagos en Ecuador, la isla Coiba en Panamá y la isla Malpelo en Colombia. Durante años, la actividad pesquera en ese corredor biológico fue, según describe la organización Global Fishing Watch, «prácticamente invisible».
Ya no lo es.
La plataforma que cambió el mapa
Global Fishing Watch opera una plataforma que integra información satelital pública con datos compartidos voluntariamente por varios países para construir un mapa casi en tiempo real de las flotas pesqueras en el mundo. El sistema combina datos del sistema de identificación automática (AIS) —el mismo que usan las embarcaciones industriales para evitar colisiones— con datos VMS de vigilancia gubernamental e imágenes satelitales.
«Con la revolución de la tecnología, la ayuda de satélites, más ese monitoreo que llevan las embarcaciones para evitar colisiones en el mar, podemos entender qué está sucediendo ahí. Tenemos ojos en el mar; ya no tenemos solamente un mapa terrestre, tenemos ahora acceso a un mapa también oceánico», explicó a EFE Mónica Espinoza, líder para América Latina de Programas de Global Fishing Watch.
El alcance va más allá de localizar barcos. Según Espinoza, la plataforma permite cruzar la posición de las flotas con variables como la temperatura del mar, los patrones migratorios de especies y la distribución de nutrientes. En un contexto de fenómeno de El Niño, ese cruce de datos se vuelve especialmente relevante para anticipar cómo la actividad humana interactúa con los ciclos naturales.
Transparencia que produce resultados
El concepto que articula todo esto tiene nombre propio: transparencia pesquera. Costa Rica, Panamá, Ecuador, Chile y Perú ya han compartido la información de rastreo de sus flotas con la plataforma. Global Fishing Watch espera que Colombia se incorpore pronto a esa dinámica.
Los resultados concretos están documentados. En la zona protegida alrededor de la Isla del Coco, en Costa Rica, el uso de tecnología de seguimiento satelital permitió comprobar que la actividad pesquera se redujo en un 98 % en los últimos años, según datos de la organización. Un número que habla por sí solo.
Carlos Chacón, gerente sénior de programa en América Latina de Global Fishing Watch, subrayó que el objetivo no es perseguir a los pescadores sino ordenar el uso de los recursos. «Las personas van a trabajar, van a obtener sustento para sus familias y entonces eso también se puede observar y podemos colaborar para que todas estas actividades se hagan de una forma ordenada y que permita continuar generando beneficios para el futuro», señaló.
El caso panameño ilustra ese equilibrio: las autoridades detectaron embarcaciones en zonas no autorizadas, recurrieron a Global Fishing Watch para obtener un análisis independiente y, con esa información en mano, procedieron a evaluar sanciones con respaldo técnico sólido. La diferencia entre actuar con datos y actuar por intuición.
Lo que el modelo revela
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que los países del PET decidieron compartir sus datos en lugar de guardarlos. La cooperación voluntaria entre Costa Rica, Ecuador, Panamá y Colombia en torno a un corredor marino compartido demuestra que la transparencia no requiere de grandes aparatos regulatorios supranacionales: requiere voluntad política y tecnología accesible.
Desde Hemisferio, el modelo merece atención precisamente porque invierte la lógica habitual. No es el Estado expandiendo su burocracia sobre el mar; es la información fluyendo de forma abierta para que los tomadores de decisiones —públicos y privados— actúen sobre hechos verificables. Los sectores económicos que dependen del océano, desde la pesca industrial hasta el turismo, tienen un interés directo en que los recursos marinos se gestionen con inteligencia. La tecnología satelital, en este caso, no es el enemigo de la libre empresa pesquera: es su mejor garantía de largo plazo.



