Nuevo León puso la cultura al centro de su quinto informe y la presentó como una política pública de alcance internacional. En el paquete que el gobierno estatal exhibió este lunes aparecen las Esferas Culturales, el Museo Parque Libertad, programas para la primera infancia, apoyos a la lectura, festivales masivos y restauración de patrimonio.
La escena lo dice todo. En el marco del Nuevo León Informa, Samuel Alejandro García Sepúlveda sostuvo que, con la creación de la dependencia cultural, el estado es «primer lugar» en proyectos como las Esferas Culturales y la construcción del Museo Parque Libertad. También anunció que mañana estará en la Feria Internacional del Libro para mostrar su libro «Un Nuevo León», en el cierre simbólico de cinco años de gobierno.
Entre los datos que el propio gobierno puso sobre la mesa, la Secretaría de Cultura, Melissa Segura Guerrero, afirmó que las Esferas Culturales fueron reconocidas a nivel internacional por la UNESCO-MONDIACULT como una buena práctica de política cultural. Según esa dependencia, el programa ha beneficiado a 1.7 millones de niñas, niños y adolescentes con 570 mil actividades, y dos nuevas sedes están en proceso en Juárez y Pesquería.
La funcionaria añadió que el Nuevo Centro Cultural en el Parque Libertad garantizará derechos culturales y favorecerá de manera directa a 180 mil personas. García Sepúlveda, por su parte, explicó que ese espacio surgió de la reconversión del antiguo Topo Chico, al que describió como «cinco alas de dos pisos donde estaban los reos más peligrosos de Nuevo León», y dijo que el proyecto fue construido escuchando a los vecinos.
El gobierno también subrayó que Nuevo León es el «primer y único estado» que ofrece microcréditos a tasa cero para agentes y emprendimientos culturales. En la lógica de una política pública que busca mover actividad económica desde la cultura, ese dato es el más singular de la jornada: no habla solo de oferta artística, sino de una herramienta financiera para quienes viven de ella.
Segura Guerrero enlistó además el programa Cultura para la Primera Infancia, con cobertura en 27 municipios e impacto positivo en 611 mil niñas, niños y personas cuidadoras. Lo presentó como el esfuerzo conjunto de Mariana Rodríguez y el Gabinete de Igualdad para Todas las Personas.
A eso sumó la primera colección de libros para la Primera Infancia «Apapachos», con 35 títulos y más de 29 mil ejemplares distribuidos en 26 municipios; 13 de esos títulos fueron escritos e ilustrados por artistas locales. También mencionó la Red Estatal para el Impulso y Fomento a la Lectura, integrada por 32 instituciones públicas, privadas y de la sociedad civil.
En el terreno de los eventos, la Secretaría de Cultura dijo que el Pabellón de la Niñez reunió a 375 mil asistentes en sus cuatro ediciones de la Feria Internacional del Libro Monterrey. El MacroFest, en 15 ediciones, alcanzó el millón de asistentes a la Macroplaza con 44 agrupaciones artísticas. El Festival Internacional Santa Lucía, añadió, acumula 4.2 millones de espectadores en los últimos cinco años.
El gobierno también colocó en la lista los Trazos Mundialistas, proyecto ligado a la Copa del Mundo 2026 que contó con 40 artistas locales, nacionales e internacionales y 79 murales, equivalentes a 13 mil 800 metros cuadrados de arte urbano.
En patrimonio, la Secretaría de Cultura informó una inversión de 51 millones de pesos en 40 acciones de preservación y conservación. Entre los trabajos entregados este año mencionó la restauración de la Victoria Alada, la Lagartera, el Antiguo Santuario Guadalupe, el Caballo de Fernando Botero y el Museo La Milarca.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: Nuevo León intenta contar su identidad no solo con obras, sino con una arquitectura de programas, espacios y subsidios que busca convertir la cultura en infraestructura social y también en plataforma económica. El mensaje es claro: el estado quiere presentarse como laboratorio nacional.
El giro importa porque pone dinero público, suelo urbano y capacidad administrativa al servicio de una estrategia cultural que, en esta versión, se mide por asistencia, alcance y reconocimiento externo. Si funciona, fortalece a artistas, familias y comunidades; si se administra mal, se vuelve otro frente de gasto sin disciplina ni rendición de cuentas.
La apuesta, en cualquier caso, revela una idea de desarrollo que merece seguimiento: la cultura no como adorno, sino como activo público. Y cuando el gobierno presume microcréditos a tasa cero, restauración patrimonial y espacios comunitarios, lo que está en juego es si esa maquinaria estatal genera valor real para los ciudadanos o si solo produce una narrativa de éxito de corto plazo.



