La escena lo dice todo. Un director de escuela pública permanece 18 años al frente de un establecimiento educativo en Colonia Paraíso, Misiones, y durante ese tiempo acumula 3.363 días de licencia entre 2006 y 2024. Más de nueve años con goce de sueldo, según la documentación presentada por el diputado provincial Cristian Castro ante la Justicia.
El denunciado es Juan Carlos Kategora, exdirector de la Escuela 733. La denuncia penal busca determinar si las ausencias fueron otorgadas de manera irregular y si el docente percibió haberes indebidamente durante esos períodos.
Los detalles cuentan la historia. Los 3.363 días no corresponden a una única licencia extendida, sino a distintos períodos que se alternaron con reincorporaciones formales al cargo. «Estamos hablando de 18 años, casi dos décadas en donde fue sacando licencia reiterada», afirmó Castro en declaraciones recogidas por Infobae.
El circuito de las licencias
Uno de los puntos más sensibles de la denuncia apunta al mecanismo de aprobación. Según Castro, la esposa de Kategora trabajaba en Salud Laboral de San Vicente, el área que intervenía en la evaluación de las licencias médicas y elevaba la documentación al Consejo General de Educación. El diputado pidió que se investigue a todas las personas que participaron en el trámite y si existió algún conflicto de interés. «Es tremendo, es una vergüenza y es una tomada de pelo», sostuvo el legislador.
La denuncia también señala que Kategora habría figurado como empleado de EMSA, la empresa estatal de energía de Misiones, de manera simultánea a su cargo docente. La Justicia deberá establecer si mantuvo ambos vínculos laborales al mismo tiempo, si percibió haberes de los dos organismos y si existió una incompatibilidad entre los cargos. «Tenía estas licencias médicas, que son licencias pagas, y seguía cobrando su sueldo mientras también tenía otro cargo en otro ente de la provincia que es EMSA», afirmó Castro.
Dubái y los registros migratorios
El tercer elemento de la denuncia involucra fotografías del exdirector en Dubái. Castro solicitó cruzar esas imágenes con los registros oficiales de Migraciones para determinar si Kategora realizó viajes al exterior durante períodos en los que figuraba con licencia médica. «Le pido al Ministerio Público Fiscal que haga esta averiguación con cruzamiento con Migraciones para determinar si es así o no», declaró el diputado.
La investigación deberá contrastar las fechas de esos eventuales viajes con la documentación de licencias y los registros de haberes percibidos.
La renuncia y el sumario tardío
Según Castro, Kategora presentó su renuncia y el Consejo General de Educación de Misiones la aceptó inicialmente sin abrir un sumario para investigar las licencias. Fue después de la denuncia pública cuando el organismo abrió un expediente para analizar el caso. Además, el Consejo dispuso revisar otros casos de docentes con licencias de largo tratamiento para determinar si existen situaciones similares dentro del sistema educativo provincial.
El legislador advirtió que no se trataría de un hecho aislado. «Hay varios casos más», aseguró, y mencionó otros funcionarios vinculados con Educación que, según afirmó, habrían cobrado por distintos cargos o mantenido otras actividades mientras figuraban con licencia.
La Justicia deberá determinar si hubo defraudación contra el Estado, incompatibilidad laboral y si otras personas participaron de eventuales irregularidades.
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Para Hemisferio, el caso Kategora no es una anomalía pintoresca de la burocracia provincial: es la radiografía de un sistema donde el dinero de los contribuyentes financia ausencias que nadie controla, cargos que se acumulan sin consecuencias y renuncias que se aceptan sin sumario. Que el Consejo General de Educación haya necesitado una denuncia pública para abrir un expediente dice más sobre el funcionamiento del aparato estatal que cualquier declaración oficial.
El principio en juego es simple: el empleo público existe para prestar un servicio, no para garantizar ingresos sin contraprestación. Cuando ese principio se diluye durante casi dos décadas sin que nadie lo advierta —o sin que nadie quiera advertirlo—, la pregunta no es solo cuántos días acumuló un exdirector en Misiones. La pregunta es cuántos expedientes como este esperan todavía en un cajón.



