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Nor’easters más intensas: la factura climática que ya golpea la costa este

La tormenta que avanza por la costa este vuelve a poner sobre la mesa un dato incómodo: según científicos citados por TIME, los episodios más intensos de nor’easters concentran más lluvia, más viento y más daños. La cuenta la pagan las comunidades costeras y, cada vez más, los contribuyentes.
Imagen generada con IA
lunes 28 de septiembre de 2026

Una nor’easter se estaba fortaleciendo sobre la costa este de Estados Unidos y amenazaba con traer lluvia intensa, inundaciones y ráfagas de viento fuerte a millones de personas.

El impacto ya se había sentido en partes de Virginia y Carolina del Norte, donde el agua costera afectó zonas de la costa. Además, se esperaban ráfagas de hasta 50 mph en algunas áreas. La tormenta podía quedarse detenida cerca de la costa entre Nueva Jersey y Long Island, lo que prolongaría los vientos fuertes, la lluvia y el anegamiento costero en la zona.

Nueva Jersey del norte, la ciudad de Nueva York, Long Island y el sur de Nueva Inglaterra quedaban entre las áreas expuestas a algunos de los vientos más fuertes, las lluvias más intensas y el mayor riesgo de inundación costera. La lluvia debía comenzar desde el viernes por la noche y podía continuar durante todo el fin de semana.

«Esta nor’easter se está perfilando como importante en parte porque se moverá lentamente, lo que podría acumular un gran aumento de la marejada», dijo Michael Mann, profesor de ciencia climática y cambio climático en la Universidad de Pensilvania.

Las nor’easters toman su nombre de los vientos que llegan desde el noreste y suelen afectar la costa este de Estados Unidos y Canadá. Pueden traer lluvia o nieve. Aunque pueden ocurrir en cualquier época del año, son más comunes entre septiembre y abril.

Mann explicó que una nor’easter, como un huracán, deriva parte de su energía del calor del océano. Pero, a diferencia de los huracanes, estas tormentas tienden a tener un núcleo frío y pueden permanecer sobre un área durante más tiempo.

Las nor’easters han provocado miles de millones de dólares en daños en Estados Unidos. Entre las más recordadas figuran la Blizzard de Nueva Inglaterra de febrero de 1978, la «Superstorm» de marzo de 1993 y las nevadas de Boston de enero y febrero de 2015.

Los científicos todavía no tienen plena certeza sobre cómo están cambiando estas tormentas por efecto del cambio climático. Mathew Barlow, profesor de ciencia climática en la Universidad de Massachusetts Lowell, dijo que hay cosas que pueden afirmarse con confianza sobre los cambios en las nor’easters y otras áreas que siguen en estudio.

Pero sí hay un punto que, según los especialistas, está más claro: las nor’easters más intensas se están volviendo más extremas. Eso implica más lluvia, más viento, y por lo tanto más marejada, más inundación costera y más daños por viento.

«El calentamiento causado por el ser humano está llevando a totales de precipitación más altos con estas tormentas», dijo Mann. Según él, eso ocurre cada vez más con el clima extremo en general: a medida que la atmósfera se calienta, puede retener más humedad y soltar más precipitación cuando llueve.

Barlow añadió que no todas las tormentas se están volviendo más intensas, pero las más intensas sí lo están haciendo, ya sea una tormenta eléctrica, un huracán o una de estas nor’easters.

Lo que no parece estar cambiando es el número total de tormentas. Barlow dijo que no ven cambios en el promedio general y que el total podría incluso estar bajando un poco.

En un mundo cada vez más cálido, las tormentas seguirán intensificándose. TIME citó que el cambio climático está aumentando la cantidad de «desastres de mil millones de dólares» en Estados Unidos, es decir, catástrofes con daños de al menos 1.000 millones de dólares. El tiempo promedio entre esos desastres cayó de 82 días en la década de 1980 a 16 días en los últimos 10 años. En 2025, Estados Unidos sufrió un desastre meteorológico o climático de mil millones de dólares cada 10 días.

Barlow fue tajante: «Hasta que dejemos de aumentar la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera, la intensidad de la lluvia, la intensidad de estas tormentas, seguirá aumentando también». Y remató: «Hasta que dejemos de empeorar las cosas, las cosas van a seguir empeorando».

La escena lo dice todo. Mientras la costa este se prepara para otra tormenta lenta, el problema no es solo el viento o la lluvia: es la combinación entre energía atmosférica, agua más cálida y una factura de daños que crece.

Para los hogares, los puertos, los negocios y el aparato de respuesta pública, el desenlace es siempre el mismo: más interrupciones, más reparaciones y más dinero de los contribuyentes puesto a cubrir una amenaza que no deja de encarecerse. En términos de mercado y de prudencia fiscal, cada evento extremo de este tipo vuelve a recordar que la prevención, la infraestructura y la disciplina energética no son consignas abstractas, sino costos reales. Los detalles cuentan la historia.

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