El anuncio oficial del ganador del Premio Nobel de la Paz de este año se realizará el viernes 9 de octubre. La ceremonia de entrega formal del diploma y del dinero tendrá lugar el 10 de diciembre en Oslo, Noruega.
La escena lo dice todo. Mientras el Comité Nobel Noruego mantiene el proceso bajo «un clima de extrema cautela», la deliberación se desarrolla con la presión política ejercida por el presidente estadounidense Donald Trump. En varias oportunidades, el mandatario reclamó públicamente que él se lo merece «más que nadie» por sus intervenciones internacionales.
A comienzos de este año, la líder opositora venezolana María Corina Machado, premiada con el Nobel de la Paz en la última edición, se reunió con Trump en la Casa Blanca y le entregó simbólicamente su propia medalla de oro. Ese gesto obligó al Instituto Nobel, con sede en Oslo, a aclarar que el galardón formal seguía perteneciendo de manera exclusiva a Machado.
«Incluso si la medalla o el diploma pasan posteriormente a manos de otra persona, esto no altera la identidad del ganador del Premio Nobel de la Paz», subrayó entonces el comité Nobel en un comunicado. También dejó por escrito que «un galardonado no puede compartir el premio con otros ni transferirlo una vez anunciado» y que el Nobel de la Paz «tampoco puede ser revocado».
El organismo agregó que «la decisión es definitiva y se aplica para siempre» y que el premio se otorga en función de las contribuciones de los galardonados en el momento en que el comité toma su decisión. Además, marcó que no hace comentarios sobre las declaraciones, decisiones ni acciones posteriores de los galardonados, y que cualquier evaluación futura «debe entenderse como responsabilidad propia».
Trump había dicho en varias ocasiones que deseaba obtener el premio y que sería «un gran honor» para él si Corina Machado se lo cedía. Machado fue premiada por sus esfuerzos a favor de una transición democrática en Venezuela.
Para la edición del Nobel de la Paz 2026 se registraron 287 candidaturas: 208 sobre personas y 79 dirigidas a organizaciones.
La trastienda del Nobel vuelve a mostrar un choque clásico entre reputación institucional y presión política. El Comité Nobel Noruego intenta preservar una regla básica de autoridad: el premio no se negocia, no se comparte y no se revoca a voluntad de los protagonistas del momento.
Para el lector, el desenlace importa por una razón que va más allá del ceremonial. Cuando una institución sostiene sus límites frente al poder político, protege su credibilidad; cuando cede, el costo cae sobre la confianza pública. En este caso, la batalla no es solo por un galardón: es por el principio de que las reglas valen más que la presión del más influyente.

