Las operaciones comerciales en el aeropuerto José María Córdova, de Rionegro, que sirve a Medellín y buena parte de Antioquia, se vieron afectadas en la madrugada de este martes por las condiciones climáticas.
La presencia de niebla en abundancia causó la cancelación de un vuelo que iba de salida y otro que llegaba, en tanto que otras tres aeronaves tuvieron que ser desviadas hacia otros terminales, según informó el concesionario Airplan, encargado de la administración de este aeropuerto.
Además, se registró la demora de 30 vuelos: 15 entrando y 15 despegando, lo que generó una fuerte congestión en las salas de espera del José María Córdova.
Hacia las 7:30 a.m., las condiciones climáticas mejoraron y, de acuerdo con la misma fuente, se reactivaron las salidas y las llegadas.
La escena lo dice todo. Cuando la niebla entra en escena, la trastienda de un aeropuerto se vuelve visible para miles de viajeros: horarios trastocados, conexiones en riesgo y tiempo perdido que nadie recupera. No hay misterio en el desenlace; hay una dependencia evidente de una operación que queda a merced del clima en cuestión de minutos.
Para el pasajero, el costo se mide en esperas, cambios de plan y congestión. Para la economía regional, cada demora suma fricción a la movilidad y resta previsibilidad. Los detalles cuentan la historia: cuando el transporte aéreo se detiene, también se detiene una parte del ritmo cotidiano que sostiene negocios, turismo y trabajo.


