Donald Trump habló el martes ante la Asamblea General de la ONU. Al día siguiente, Gavin Newsom apareció en la sede del organismo para jugar al presidente junior.
La escena lo dice todo. Trump estuvo en el podio de mármol verde del gran salón de la Asamblea General, frente a presidentes y primeros ministros. Newsom habló en una sala más pequeña, en un panel climático con gobernadores y alcaldes.
Aun así, el gobernador de California aprovechó el foro para opinar sobre política exterior de Estados Unidos, elecciones al Congreso, los Padres Fundadores, la política energética global y la posición moral del país. Incluso dijo a su audiencia internacional que «probablemente nada es más importante» que terminar con la presidencia de Trump «como la conocemos» al elegir una Cámara de Representantes demócrata en noviembre.
Newsom también proclamó que California es «el estado más anti-Trump de Estados Unidos». La afirmación chocó con el dato de que 6,081,697 californianos votaron por Trump en 2024. Trump, de hecho, recibió más votos en California que en 47 otros estados; solo Texas y Florida le dieron más.
El giro de Newsom en la ONU se apoyó en una mezcla de ambición política y defensa del modelo californiano. Dijo que California «funciona todos los días con dos tercios de energía limpia», pero su propia administración sostiene que 67% de las ventas minoristas de electricidad del estado provienen de fuentes limpias. Esas ventas minoristas excluyen gasolina, diésel y gas natural.
Más tarde, Newsom fue todavía más lejos: aseguró que nueve de cada 10 días de este año California «funciona con energía limpia al 100%». Pero el estado dice que la electricidad limpia cubrió o superó la demanda solo durante parte de esos días, con un promedio de 6.3 horas al día, no 24. Newsom convirtió una parte del día en un día entero.
También defendió al aparato regulatorio. Incluso se atribuyó el mérito de haber creado a Elon Musk: «No existe —con perdón— Elon Musk sin el sistema regulatorio de California, que creó la certidumbre donde él pudo hacer las inversiones que terminaron convirtiéndose en Tesla».
La realidad cronológica es otra. Musk ya era rico gracias a PayPal. Tesla ya existía cuando él invirtió en la empresa, y según el texto de la fuente no iba a ninguna parte. Hoy la sede de Tesla está en Texas.
Newsom también habló de crecimiento económico. Dijo que California ha tenido 40% de crecimiento del PIB desde 2019 y añadió que «ninguna jurisdicción en Estados Unidos» ha crecido más rápido. Pero ese 40% corresponde al PIB nominal. Ajustado por inflación, el Instituto de Política Pública de California reporta que California promedió 3% de crecimiento real anual del PIB entre 2020 y 2025.
En otro tramo, Newsom elogió a California por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano en dos dígitos. Pero el inventario oficial del estado mide solo emisiones de origen humano, por lo que no incluye las emisiones de incendios forestales. Un estudio dirigido por UCLA estimó que los incendios catastróficos de 2020 solos emitieron alrededor de 127 millones de toneladas métricas, casi el doble de lo que California había recortado en los 18 años previos.
California representa aproximadamente 0.63% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Aun así, Newsom cerró prometiendo volver con el «aire fresco del progreso» y reemplazar el «aire rancio» que sale de Washington.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: en la ONU, Newsom no solo habló de California. También mostró el tipo de política que premia el gesto por encima del balance, la consigna por encima de la contabilidad y la regulación por encima de la certeza.
Ese es el verdadero fondo del episodio. Cuando el poder se acostumbra a vivir de paneles, slogans y métricas acomodadas, el contribuyente termina pagando dos veces: primero por el aparato estatal que lo regula y luego por el costo de vivir bajo sus distorsiones. La libre empresa necesita reglas claras, no una burocracia que fabrica incertidumbre y luego presume de sus efectos.
La escena en la ONU también deja otra lección. Newsom encontró en el foro internacional un escenario más cómodo que el gobierno cotidiano de California. Hablarle al mundo desde una sala secundaria cuesta poco; responder por las consecuencias de su propio modelo, mucho más.


