Este jueves 8, con una función sorpresa en Matucana 100, Mubi Fest inaugurará su tercera edición en Santiago. El evento se extenderá hasta el domingo 11 y reunirá una veintena de filmes, además de charlas, sesiones de escucha, DJ sets, un espacio editorial y otras instancias alrededor de la firma conocida por su enfoque en el cine de autor.
Desde Ciudad de México, Sandra Gómez sigue de cerca los preparativos de la cita, que por primera vez se desarrollará íntegramente en el centro cultural ubicado en Estación Central. Para la directora senior de marketing para Latinoamérica en Mubi, el lugar tiene una virtud clave: «Es un espacio muy amplio y diverso, donde confluyen muchos públicos».
Mubi Fest ha crecido desde la última vez que se realizó en Chile. Ahora se desarrolla en diez ciudades, y en paralelo a las exhibiciones de películas dedica espacios alrededor de Notebook, la revista de la firma, de los libros editados por Mubi Editions, de Mubi Podcast: Encuentros y de la venta de productos oficiales.
La empresa insiste en que el festival no reemplaza al streaming, sino que lo complementa. Gómez lo resumió así: «Mubi Fest nos permite encontrarnos con nuestras audiencias y vernos cara a cara, que es muy distinto al streaming. Creemos que son experiencias muy complementarias la una de la otra».
La programación local también ocupa un lugar central. En la versión chilena figuran El deshielo, de Manuela Martelli; La misteriosa mirada del flamenco, de Diego Céspedes; Denominación de origen, de Tomás Alzamora; y el cortometraje Alien 0089, de Valeria Hoffmann. Además, habrá una conversación con el elenco de La misteriosa mirada del flamenco, una choripanada y un DJ set a cargo de DJ Fuego, uno de los protagonistas de Denominación de origen.
A eso se suma la proyección de la primera parte de La batalla de Chile, de Patricio Guzmán. La decisión cobró un peso especial tras su muerte, el pasado 15 de septiembre. «Siempre la idea era hacer un homenaje, aunque no estábamos pensando que fuera póstumo», dijo Gómez.
En la cartelera también aparecen primeras proyecciones en Chile de Tierra de mi padre, del polaco Pawel Pawlikowski; Sheep in the box, del japonés Hirokazu Kore-eda; y Rose, del austríaco Markus Schleinzer. Y entre las ausencias figura Cobarde, el nuevo largometraje del belga Lukas Dhont, que ganó el premio a Mejor actor en el último Festival de Cannes, compartido por Emmanuel Macchia y Valentin Campagne, y debutará en salas el próximo 31 de diciembre.
Gómez explicó esa ausencia por razones de programación y disponibilidad: «Al armar una grilla de programación siempre hay películas que entran, películas que no. Eso tiene que ver con tiempos, con disponibilidades, con miles de cosas».
El giro más relevante, sin embargo, está en el catálogo. En noviembre de 2025, tras triunfar en el Festival de Cannes y lograr un gran recorrido internacional, La misteriosa mirada del flamenco fue adquirida por Mubi, donde se estrenó en junio pasado. Luego, en 2026, la compañía también compró Denominación de origen y El deshielo. En total, se quedó con tres de las principales cintas chilenas del último tiempo.
«Nos importa muchísimo tener más y más cine chileno en la plataforma», afirmó Gómez. También sostuvo que la empresa busca mantener ese volumen y, ojalá, superarlo: «No tenemos un número exacto, pero siempre queremos tener más cine local. Es una meta mantener ese número de películas (tres) y ojalá superarlo».
Para Chile, el movimiento tiene una lectura clara: una plataforma internacional está apostando por contenidos locales y por una presencia más visible en un mercado donde, según la propia empresa, la competencia por el bolsillo de los usuarios es dura. Esa preferencia por el cine chileno importa porque pone capital privado detrás de una oferta cultural que no depende solo del aparato estatal ni de la lógica de los grandes catálogos globales.
En esa trastienda se juega algo más que un festival. Mubi está diciendo que el cine chileno puede ser un activo de mercado, un producto con demanda y una vía para construir comunidad sin renunciar a la distribución global. La escena lo dice todo: cuando una empresa decide comprar tres de las principales películas locales y llevarlas a más pantallas, el desenlace no es menor para la industria ni para los espectadores.


