La escena lo dice todo: en dos ciudades y dos continentes, casi al mismo tiempo, un equipo de investigadores chilenos exponía los mismos datos ante audiencias distintas. En La Serena, frente al XIII Encuentro Internacional de la Asociación Latinoamericana de Estudios del Discurso (ALED-Chile 2026), realizado en la Universidad de La Serena. En Alicante, ante el 5th International Congress: Education and Knowledge (ICON-edu 2026), organizado en la Universidad de Alicante, España.
La investigación en cuestión pertenece a la Universidad de las Américas y lleva por título Relación entre las expectativas y la valoración por la lectura en el desarrollo de habilidades lectoras en escolares de primer año de enseñanza básica. El comité científico de ALED-Chile 2026 la aceptó para integrar las discusiones sobre los desafíos actuales de la investigación en discurso, educación y alfabetización. En Alicante, el trabajo fue expuesto en modalidad de comunicación oral ante investigadores de distintos países convocados para debatir sobre innovación educativa, enseñanza y producción de conocimiento.
Los detalles cuentan la historia. El estudio aplica el Modelo de Expectativa-Valor para analizar distintas dimensiones de la motivación lectora y su vínculo con el desarrollo de habilidades durante la alfabetización inicial. Los resultados evidencian que variables como el interés por la lectura y la utilidad atribuida a esa actividad se relacionan positivamente con el desarrollo de competencias lectoras en estudiantes de primer año básico.
Dos factores adicionales emergen con fuerza en los hallazgos: la mediación docente y las experiencias de éxito lector. Según el estudio, ambos favorecen la motivación y el aprendizaje cuando se producen en el marco del trabajo colaborativo de equipos interdisciplinarios.
Desde la perspectiva de la Educación Diferencial, la investigación refuerza la importancia del trabajo conjunto entre la profesora de aula y la educadora diferencial. Esa colaboración, según los autores, permite generar experiencias de lectura exitosas, fortalecer la motivación de los estudiantes y responder oportunamente a sus diversas necesidades de aprendizaje. El estudio subraya que esta mirada resulta especialmente significativa en contextos escolares que buscan avanzar hacia prácticas educativas más inclusivas y centradas en el desarrollo integral de todos los estudiantes.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que el mismo trabajo cruzó el Atlántico en formato simultáneo: la presentación paralela en dos congresos internacionales no es un detalle menor. Indica que la investigación superó dos procesos de selección independientes y que la pregunta que plantea —cómo se forma un lector desde el primer día de escuela— convoca a comunidades académicas en ambos hemisferios.
Desde la línea editorial de Hemisferio, la lectura de estos hallazgos apunta a un principio que el debate educativo suele soslayar: la motivación no es un adorno pedagógico ni un lujo de colegios bien dotados. Es, según estos datos, una variable con incidencia directa en los resultados. Y esa variable se construye o se destruye en el aula, con decisiones concretas de docentes concretos. La conclusión práctica es incómoda para quienes confían en que el gasto público o el rediseño curricular bastan por sí solos: sin un maestro que entienda la motivación como herramienta técnica y sin estructuras de colaboración que permitan detectar a tiempo a quien se queda atrás, la inversión en infraestructura educativa rinde por debajo de su potencial. El mérito del estudio es precisamente ese: señalar dónde está la palanca, antes de que el rezago lector se vuelva irreversible.


