En el World Trade Center de la Ciudad de México se celebró la VIII Sesión Ordinaria del Consejo Nacional de Morena, y a las afueras del recinto se montó una pequeña feria de mercancía partidista. Entre los productos visibles estaban el libro «Pueblo» del expresidente Andrés Manuel López Obrador, toallas, cobijas y tazas con la imagen del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.
La oferta no era menor. «Pueblo», publicado por Planeta en 2026, se vendía en 400 pesos. En librerías, el mismo título ronda entre 498 y 500 pesos, de acuerdo con la información exhibida en la venta. Los libros anteriores del expresidente, «¡Gracias!» y «Grandeza», se ofrecían en 350 pesos.
La mercancía de Harfuch también se expandió. Apenas el miércoles pasado, durante el festejo de los XV años de Movimiento de Regeneración Nacional, los vendedores introdujeron las toallas del funcionario a la oferta morenista. Para este sábado ya había tazas con y sin ropa, ambas a 100 pesos. Además, se exhibían cobijas con dos precios: 300 pesos las tamaño individual y 200 pesos las frazadas. Las toallas rondaban los 250 pesos y llevaban la leyenda: «Para que te seques conmigo».
La escena lo dice todo. En torno a una sesión formal de un partido político, la trastienda comercial terminó por disputar protagonismo al discurso. No es un detalle menor: donde debería pesar la deliberación interna, apareció una lógica de marca, de merchandising y de monetización de la lealtad política.
Ese giro importa porque revela cómo la política mexicana también se vende como objeto de consumo. Los protagonistas no solo compiten por posiciones o candidaturas; también convierten su imagen en mercancía, con precios, modelos y eslóganes. En un país donde el poder público administra recursos y regula la vida económica, la frontera entre liderazgo político y negocio simbólico merece escrutinio. Cuando la militancia se vuelve escaparate, el desenlace dice mucho sobre el partido, pero también sobre la cultura política que lo rodea.


