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Monster sobre Lizzie Borden: mucha furia, poca novedad

La nueva temporada de Netflix vuelve sobre el caso Borden con más artificio que perspectiva, según Time. En paralelo, El Comercio recuerda otro trabajo de Ella Beatty en Ryan Murphy: *Feud: Capote vs. The Swans*, una miniserie de Disney+ y Hulu con 77% de aprobación en Rotten Tomatoes y cinco nominaciones al Emmy.
Imagen generada con IA
lunes 21 de septiembre de 2026

La escena lo dice todo. Monster: The Lizzie Borden Story llega con una promesa clara: hablar de ira femenina y represión. Ese es el lema con el que sus creadores han venido presentándola en materiales promocionales y entrevistas, según Judy Berman, de Time.

Pero la crítica sostiene que la serie no logra ir más allá de un territorio ya muy transitado por la televisión. Berman dice que, incluso tratándose de la primera temporada de Monster con una protagonista femenina, el resultado no aporta una mirada nueva sobre temas que ya se han vuelto familiares en el paisaje posterior a Big Little Lies y #MeToo.

El caso que toma como punto de partida es el de Lizzie Borden, la mujer de Fall River, Massachusetts, que probablemente asesinó con un hacha a su padre y a su madrastra en 1892. Según Time, la serie convierte ese expediente en un vehículo para casi todas las calamidades imaginables sobre la vida de las mujeres: violación, violencia doméstica, embarazo y parto, trabajo doméstico, menstruación, presión para casarse, belleza física, sexo de supervivencia, encierro en el hogar y subordinación a parientes varones.

La crítica apunta además a una libertad extrema con los hechos. Dice que esta es quizás la temporada menos precisa históricamente de toda la antología, y que juega con la familia Borden con la misma ligereza con la que lo hace una vieja rima infantil. A eso se suma un reparto más joven y más bello que sus contrapartes reales: Ella Beatty interpreta a una Lizzie de 26 años que envejece desde los 32 hasta los 60 al cierre de la temporada, mientras Charlie Hunnam y Rebecca Hall encarnan a unos padres que eran, en la vida real, un par de décadas mayores que los actores.

El giro más llamativo, según Time, es visual y narrativo: el asesinato doble se muestra a toda velocidad al comienzo del primer episodio, seguido por un salto a cuatro meses antes, cuando Lizzie ahuyenta a un pretendiente al pasar un balde de sangre menstrual sobre el sofá blanco donde están sentados. La serie mezcla hechos, medias verdades, rumores y fabricaciones hasta que cuesta distinguir qué viene de la historia y qué del artificio.

En esa mezcla aparece Vicky Krieps, que interpreta a una sirvienta irlandesa llamativamente germánica, con un corte de pelo shag ahistórico teñido en tonos que recuerdan, por turnos, a Aileen Wuornos y Ziggy Stardust. Según la crítica, es el mejor elemento de la temporada. Su personaje ha aprendido de todo un poco en sus viajes globales, desde cocina y limpieza hasta farmacología, y es ella quien primero conecta a Lizzie con asesinas de otras épocas.

Desde ahí, la serie enlaza a Borden con Elizabeth Báthory, la noble húngara del siglo XVI acusada de matar a cientos de jóvenes y bañarse en su sangre en busca de juventud eterna. Lizzie se siente atraída por esa historia de rebeldía y violencia, aunque Time observa que asesinar a padres crueles para liberarse y masacrar a campesinas son motivos muy distintos. La serie, sin embargo, intenta unirlos bajo una misma idea de resistencia al sexismo.

Más adelante aparece Sarah Paulson como Aileen Wuornos, la tercera miembro del trío mortal. La Florida sex worker que mató a siete clientes entre 1989 y 1990 entra en la trama como otra figura que se cruza con Lizzie. Su intento fallido de sostener ante la corte que actuó en defensa propia contra una violación le permite a la serie extender todavía más su comentario sobre violencia sexual y poder.

En paralelo, El Comercio pone la lupa en otro trabajo de Ella Beatty: Feud: Capote vs. The Swans. La nota dice que la miniserie de Disney+ y Hulu forma parte de una antología que arrancó con Feud: Bette and Joan, y que obtuvo 77% de aprobación en Rotten Tomatoes y cinco nominaciones al Emmy.

Ahí Beatty interpreta a Kerry O’Shea, hija de John O’Shea, un antiguo amante de Truman Capote que reaparece en su vida cuando el escritor intenta recomponer su imagen tras salir de rehabilitación. La joven se acerca a él para aprender de su experiencia literaria y mediática, y la relación deriva en una dinámica casi de padrastro e hijastra dentro de la ficción. Según Esquire, el personaje está inspirado en Kate Harrington, quien fue rebautizada por Capote y vivió con él en Nueva York.

El desenlace de ambas notas deja una misma impresión: Ryan Murphy sigue encontrando en figuras femeninas un terreno fértil para el exceso, pero no siempre para la comprensión. En Monster, la ambición visual y el gusto por el melodrama pesan más que la novedad interpretativa. Y eso importa porque, cuando el espectáculo sustituye al análisis, la historia termina convertida en una vitrina de sensaciones antes que en una lectura útil del pasado.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La televisión sigue explotando traumas, violencia y represión como materia prima de alto rendimiento, pero el reto sigue siendo el mismo: decir algo nuevo sin traicionar los hechos. Cuando eso no ocurre, el resultado entretiene, sí, pero también deja intacta la maquinaria cultural que convierte el dolor en producto.

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