La escena lo dice todo. En el estadio de Miami, mientras Argentina enfrentaba a Cabo Verde en el Mundial, Jorge Brito, Marcos Galperin, Daniel Hadad y Martín Migoya coincidían en las tribunas. Mauricio Macri saludaba a Claudio Tapia —«me vino a saludar él», explicó después— y las conversaciones de fondo giraban siempre sobre lo mismo: hacia dónde va la Argentina, qué industrias tienen futuro y, sobre todo, por qué candidato conviene apostar en 2027.
No es una charla nueva. Es la charla que el círculo rojo argentino lleva meses repitiendo, en asados en Miami, en palcos del Mundial y en reuniones a puerta cerrada que el periodista Francisco Olivera reconstruyó en La Nación. El hilo conductor: ¿puede la Argentina mantener el equilibrio fiscal con formas más amigables para el empresariado? ¿Existe espacio para un mileísmo sin Milei?
El mapa electoral que preocupa
La pregunta no es retórica. Con la aprobación del Gobierno apenas orillando el 40%, según las encuestas citadas por Olivera, y sin balotaje en la provincia de Buenos Aires —donde se gana por un voto—, dividir el voto de la centro-derecha equivaldría a perder. Milei lo sabe. La designación de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete, leída en Buenos Aires como un gesto hacia Pro, y el cambio de tono del Presidente frente a las críticas del arzobispo Jorge García Cuerva, apuntan en esa dirección: ampliar la base sin ceder el núcleo del programa.
Macri tiene el pulso de esa urgencia porque la siente desde sus propios pares. Algunos le agradecieron en 2023 que respaldara a Milei en el balotaje; ahora, según la crónica, le reprochan en broma: «Vos trajiste al loco». El expresidente suele responder en la intimidad que no tiene ganas de ser candidato. Pero nunca lo dirá de forma explícita, al menos no antes de negociar listas y acuerdos electorales en los distritos que considera estratégicos para el futuro de Pro: la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.
Los apurados y los que esperan
El economista Martín Tetaz formuló hace un mes la pregunta de fondo: ¿está la sociedad argentina dispuesta a adentrarse en una etapa superadora de Milei, o todavía considera que el proceso de estabilización no ha terminado? Si es lo segundo, razonaba, cualquier propuesta alternativa —por interesante que sea— deberá esperar más allá de 2027. La Argentina, recuerda Olivera, ocupa aún el podio de la inflación más alta del mundo.
Los empresarios más impacientes no esperan. En el asado del sábado en Miami, en casa de Pablo Peralta, uno de los dueños del banco BST, se escucharon nombres: Macri, Patricia Bullrich, Jorge Brito, Miguel Galuccio y hasta Daniel Hadad, «el último de moda». Estuvieron también José Luis Manzano, Gustavo Scaglione, el productor cinematográfico Fernando Sulichin y los economistas Alfonso Prat-Gay y Martín Redrado. Macri fue invitado a otro asado —el del Kun Agüero— y tampoco fue a ese.
Entre los que sienten la presión de la transición está Paolo Rocca, que además acaba de perder una licitación para la construcción de un gasoducto de 1.200 millones de dólares. En la Unión Industrial Argentina y en la Cámara Argentina de la Construcción, según Olivera, sobran casos de empresas llevadas al borde de la inviabilidad por la velocidad del cambio de régimen, pese a celebrar el equilibrio fiscal, la caída del riesgo país y el orden en las calles.
Lo que está en juego
El establishment económico casi siempre ha fallado en sus proyecciones electorales, advierte Olivera. La ansiedad por que la actividad retome ritmo —o por tener una administración «más propensa a escucharlos»— suele nublar el cálculo.
Hemisferio lee la escena con claridad: el debate no es si el ajuste fue necesario —los propios protagonistas lo dan por sentado—, sino si el programa puede sobrevivir a su autor. Esa es, en rigor, la pregunta que define a cualquier transformación estructural: si las instituciones y los incentivos correctos quedan en pie cuando cambia la cara del poder. Los empresarios que tantean candidatos alternativos no están rechazando el modelo; están, a su manera, apostando a que el modelo sea más grande que un solo hombre. Si tienen razón o no, lo dirá 2027. Por ahora, los detalles cuentan la historia: se discute el futuro de la Argentina en un asado en Miami, mientras la selección juega el Mundial.



