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Milei redobla sus ataques a la prensa y vuelve a chocar con el costo político del insulto

El Presidente acusó a María O’Donnell de tener «puntos en común» con el nazismo y sumó nuevos agravios contra LA NACION. En paralelo, ADEPA y FOPEA rechazaron la escalada y advirtieron sobre el daño al debate democrático.
domingo 11 de octubre de 2026

Javier Milei volvió a tensar su relación con la prensa y eligió, otra vez, el camino del agravio. En las últimas horas acusó a María O’Donnell de tener «puntos en común» con el nazismo, luego de una columna radial de la periodista sobre el Islam y su incidencia en Europa.

«Le sacaron la careta a la zurda de ‘buenos modales’ que tiene muchos puntos en común con el Partido NaZional Socialista Alemán de los Trabajadores», escribió Milei en sus redes sociales, según la publicación citada por el medio. El Presidente agregó que O’Donnell debería «revisar sus categorías».

La intervención no fue aislada. En el entorno presidencial también se sumaron Santiago Oría, director de Realización Audiovisual de la Casa Rosada, y Daniel Parisini, conocido en redes como «Gordo» Dan, quienes cuestionaron a la periodista y la compararon con los nazis. Oría escribió que O’Donnell se parecía a los nazis y luego afirmó que compartía «plenamente la parte socialista del nazismo».

La secuencia se produjo después de que O’Donnell, en su programa de Urbana Play, citara un artículo reciente de The Economist y dijera que hay países de religión musulmana con gobiernos que tienen «muy poco respeto por los derechos individuales», pero también otros que «profesan el Islam pero tienen democracias».

La periodista buscó contraponer el discurso oficial sobre el supuesto avance del islamismo en Europa y el resto de Occidente. «Es una amenaza que en la Argentina no tiene ningún tipo de expresión si uno pudiera pensar cuáles son las principales corrientes migratorias», matizó.

Milei, sin embargo, se alineó con quienes habían criticado antes esa columna. El mismo texto menciona que la pieza fue cuestionada primero por «Gordo» Dan y después por Oría, antes de que el Presidente se sumara a esos señalamientos.

El giro contra la prensa no se limitó a O’Donnell. Ese mismo jueves, Milei también redobló sus insultos contra las autoridades de LA NACION, en una publicación que reposteó tras una crítica al diputado de Fuerza Patria Itai Hagman por su presencia en la toma del Palacio Pizzurno en reclamo de la Ley de Financiamiento Universitario.

«Esto es lo que tenemos en frente. Y después hay que bancarse que nos vengan a limar los imbéciles cobardes de los buenos modales que ante estos eventos se orinan los pantalones», escribió el Presidente, en una frase dirigida contra «los Saguier de la vida y su pasquín zurdito; al memos, lo de P12 [Página 12] es más digno)...CIAO!», según la publicación reproducida por el medio.

En otro tramo, el mandatario cargó contra Fernán Saguier, director de LA NACION, y extendió sus ataques a otros periodistas y directivos de medios. Entre los destinatarios de esos agravios, el medio mencionó a Joaquín Morales Solá, Carlos Pagni y Jorge Liotti.

La reacción institucional fue inmediata. ADEPA y FOPEA expresaron esta semana su rechazo a la nueva serie de graves insultos y agravios de Milei contra periodistas y directivos de medios. ADEPA sostuvo que quien gobierna y es objeto de crítica tiene derecho a responder, aclarar o desmentir, incluso con tono enérgico, pero puntualizó que lo que erosiona el debate democrático es «el insulto y el agravio».

La escena lo dice todo. En lugar de debatir ideas o refutar datos, el Presidente eligió una vez más el golpe verbal como herramienta política. Esa decisión no fortalece la libertad de expresión ni el intercambio cívico: los degrada.

Para una administración que se presenta como defensora de la libertad, el costo es claro. Cada nuevo ataque contra la prensa alimenta la desconfianza, endurece el conflicto institucional y desplaza el foco desde las políticas públicas hacia la trastienda del insulto. En esa lógica, el poder gana ruido, pero pierde autoridad.

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