Para entender el presente hay que volver a esa semana. Javier Milei confirmó que viajará a Madrid el 19 de octubre y permanecerá allí al menos dos días, en una visita que coincide con el tramo decisivo de la campaña española y con un momento en que su entorno sigue leyendo la política como una red de aliados internacionales.
El dato no es menor para una administración que busca mantenerse como uno de los referentes de la derecha mundial. Según la nota, Milei no descarta volver a respaldar activamente a los líderes de VOX y del Partido Liberal, ya en el tramo final de ambas campañas.
El movimiento hacia Europa se suma al frente brasileño. Milei ya viajó a San Pablo para respaldar la campaña de Bolsonaro, que ganó la primera vuelta y enfrentará a Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje del 25 de este mismo mes. En la misma lógica, el entorno presidencial destacó los triunfos de dirigentes de derecha o liberales a los que el mandatario apoyó, entre ellos José Antonio Kast, en Chile; Daniel Noboa, en Ecuador; Keiko Fujimori, en Perú; Abelardo de la Espriella, en Colombia, y Nasry Asfura, en Honduras.
La escena lo dice todo. Mientras el presidente se mueve en el tablero internacional, en Buenos Aires el Gobierno sigue tratando de soldar una base política que le permita avanzar con su agenda doméstica. La reunión de la mesa política que estaba convocada para este martes se suspendió, y el motivo formal fue que varios funcionarios viajarán por la mañana a Salta para supervisar las etapas III y IV del Proyecto Sal de Oro, una planta que tiene el objetivo de alcanzar 100.000 toneladas de productos de litio al año.
En ese viaje participarán Karina Milei, Diego Santilli, el vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt, y el secretario de Comunicación, Fabián Fernández. También estarán el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, y el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil. La presencia de ambos fue leída en la Casa Rosada como otra instancia para seguir acercando posiciones.
Antes de la suspensión, el pequeño grupo de la mesa política esperaba analizar el resultado de las negociaciones que Karina Milei y Santilli mantuvieron con los 13 gobernadores que participaron de la Argentina Week. En París, el Gobierno buscó fortalecer el diálogo con esos mandatarios a través de una cena encabezada por Santilli en la embajada argentina, donde se mezclaron las conversaciones sobre inversiones con la discusión por los proyectos que el oficialismo necesita aprobar en el Congreso.
Luego, Karina Milei mantuvo una reunión política con los gobernadores, acompañada por Santilli y Caputo. En la Casa Rosada interpretan ese encuentro como un paso para acercar posiciones, sobre todo después de que la secretaria general les transmitiera que La Libertad Avanza no buscará competirles con candidatos propios en sus distritos.
Ese gesto fue leído dentro del oficialismo como parte de un principio de entendimiento para negociar la eliminación de las PASO y eventuales acuerdos electorales hacia 2027. Sin embargo, varios gobernadores evitaron definiciones públicas y dejaron abierta la discusión sobre la estrategia en cada provincia.
La agenda legislativa, mientras tanto, se volvió más compleja. Después del fallo de la Corte Suprema sobre la Ley de Tierras y de la convocatoria que distintos bloques opositores hicieron para una sesión especial en Diputados el 15 de octubre, el Gobierno quedó obligado a cuidar cada voto y cada puente. El temario incluye la derogación definitiva del DNU 70/2023, la prórroga de la emergencia en discapacidad y proyectos para atender la situación política en medio de la disputa por el control del Congreso.
El giro es claro: Milei apuesta a proyectar liderazgo afuera mientras su equipo trabaja adentro para sostener gobernabilidad. La apuesta no es solo diplomática. También es política, y pasa por convertir relaciones personales, viajes y señales cruzadas en apoyo legislativo concreto. En un país con urgencias fiscales, frentes abiertos en el Congreso y una economía que exige previsibilidad, el oficialismo entiende que no alcanza con la épica internacional.
Lo que está en juego es el costo de no construir mayorías. La Casa Rosada necesita que los gestos hacia gobernadores, aliados y dirigentes provinciales se traduzcan en votos y en reformas. Si ese puente se consolida, el Gobierno gana margen para avanzar. Si falla, el ruido externo de los viajes puede quedar opacado por la dureza de la aritmética política local.


