Este lunes 12 de octubre se conmemora en México el Día de la Raza, una fecha vinculada con la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492. Pero la escena ya no se mira igual en el país: desde el 18 de diciembre de 2020, el Gobierno federal publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto que estableció esa jornada como Día de la Nación Pluricultural.
La modificación no es menor. Cambia el nombre oficial de una fecha que durante años se asoció con el mestizaje y el llamado Encuentro de Dos Mundos, y la lleva hacia otro énfasis: reconocer la diversidad cultural de México y la aportación de los pueblos indígenas y afromexicanos.
La conmemoración del 12 de octubre está ligada a la expedición de Colón, que llegó a tierras americanas durante una travesía en busca de una nueva ruta marítima hacia Asia. Según el texto difundido por El Universal, el navegante creyó haber llegado a las Indias, por lo que llamó indios a los habitantes de aquellos territorios. Esa denominación se extendió durante el proceso de colonización europea, que transformó la vida de las poblaciones originarias y modificó la organización social, política y cultural del continente.
Con el paso del tiempo, el nombre de Día de la Raza se relacionó con el mestizaje surgido del contacto entre europeos y pueblos indígenas, así como con el intercambio cultural entre ambos continentes. Ese relato convivió con otro, menos celebratorio: la llegada de los españoles también estuvo acompañada de la conquista, el sometimiento de comunidades originarias y la pérdida de territorios y tradiciones. Por eso la fecha adquirió interpretaciones distintas y hoy también sirve para reflexionar sobre ese pasado y sus repercusiones.
En México, el nuevo nombre apunta a otra lectura histórica. La denominación oficial de Día de la Nación Pluricultural busca reconocer la presencia y las aportaciones de los pueblos indígenas y afromexicanos en la historia y la construcción del país. También subraya la importancia de proteger sus lenguas, costumbres, tradiciones y expresiones culturales.
El giro llega, además, con una carga contemporánea: el decreto también se hizo para reflexionar sobre los desafíos que todavía enfrentan las comunidades originarias, como la discriminación, la desigualdad y la defensa de sus territorios. En otras palabras, no se trata solo de cambiar un nombre en el calendario, sino de reconocer que el pasado colonial dejó marcas que siguen pesando sobre comunidades concretas.
La escena lo dice todo. Mientras en algunos países el 12 de octubre conserva nombres ligados a la identidad nacional o al recuerdo de la llegada de Colón, en México el Estado optó por un rótulo que pone en el centro la pluralidad. En España, la fecha se celebra como Fiesta Nacional. En Argentina, recibe el nombre de Día del Respeto a la Diversidad Cultural.
Para entender el presente hay que volver a esa semana histórica de 1492 y al modo en que cada país ha decidido narrarla después. México eligió subrayar la diversidad y la presencia de sus pueblos originarios; ese énfasis importa porque corrige, al menos en el plano simbólico, una tradición que durante siglos pasó por alto la carga de conquista y despojo asociada a esa fecha.
También hay una lectura de fondo sobre el papel del Estado. Cuando el aparato público cambia la denominación oficial de un día con tanto peso histórico, no solo administra una efeméride: define qué memoria promueve y cuál deja en segundo plano. En este caso, el mensaje privilegia el reconocimiento de comunidades que durante mucho tiempo quedaron fuera del relato dominante.
Los detalles cuentan la historia. El 12 de octubre sigue siendo una fecha de debate, pero en México su nombre oficial ya dice mucho sobre el tipo de país que el Gobierno quiso poner por escrito: uno que se asume pluricultural, con la obligación de proteger a quienes sostienen esa diversidad desde sus lenguas, territorios y tradiciones.



