México busca ampliar sus capacidades tecnológicas con una agenda que va desde la supercomputadora Coatlicue hasta vehículos eléctricos, semiconductores, satélites y dispositivos médicos. Rosaura Ruiz Gutiérrez, titular de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), expuso este jueves 1 de octubre en la conferencia matutina 13 proyectos estratégicos impulsados por instrucciones de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La funcionaria dijo que la lista incluye iniciativas en desarrollo, infraestructura de diseño ya establecida y un prototipo de aeronave. También mencionó mejoras que, según explicó, ya funcionan en el monitoreo meteorológico y oceánico. La escena lo dice todo: el gobierno quiere mostrar que la ciencia pública puede traducirse en capacidad de Estado, no solo en anuncios.
Uno de los ejes centrales es Coatlicue, una supercomputadora que, de acuerdo con Ruiz, sería importante para fortalecer la investigación y mejorar funciones del gobierno mediante una mayor capacidad de procesamiento de información. La titular de SECIHTI señaló además que permitir el acceso de personas investigadoras a una computadora de estas características abriría nuevas posibilidades para el trabajo científico.
Pero la propia funcionaria puso el acento en una condición clave: desarrollar infraestructura no basta si no se prepara a quienes la van a usar. Ruiz explicó que México necesita personal especializado en supercómputo e inteligencia artificial, con capacidad para desarrollar estas tecnologías. Por eso vinculó el proyecto con programas de posgrado y con la formación de estudiantes tanto en el país como en el extranjero.
En el fragmento de su intervención difundido para esta nota, no precisó fecha de entrada en operación de Coatlicue, ni detalló su capacidad o inversión. Esa ausencia importa: en proyectos de este tamaño, los detalles cuentan la historia, y el desenlace dependerá tanto de la ejecución como de la promesa política.
Otro proyecto mencionado fue Olinia, orientado al desarrollo de un vehículo eléctrico mexicano. Ruiz describió su primera propuesta como un automóvil pequeño para uso familiar y recordó trabajos de electromovilidad realizados desde que Sheinbaum encabezaba el gobierno de la Ciudad de México. El giro busca colocar a México en una cadena industrial de mayor valor agregado, pero aún se trata de desarrollo y no de una producción consolidada.
La secretaria también habló del impulso a la cadena de valor de semiconductores, componentes esenciales para los dispositivos electrónicos. Informó que ya existen tres centros de diseño y que se elabora un plan integral nacional para fortalecer el sector. El avance reportado corresponde a centros de diseño; su intervención no presentó como concluida una cadena nacional de fabricación de semiconductores.
Entre los resultados que Ruiz destacó como operativos están las mejoras en el monitoreo meteorológico y oceánico. Según informó, el sistema al que se refirió dispone de 30 veces más observaciones en tiempo real, lo que permite fortalecer el seguimiento de fenómenos potencialmente peligrosos. Explicó que, en determinados casos, esa información puede ayudar a emitir avisos hasta siete días antes de un fenómeno meteorológico, para que autoridades y comunidades se preparen.
En el frente aeroespacial, Ruiz mencionó Quetzal, una aeronave bajo responsabilidad directa de la Secretaría de Marina, en cuyo desarrollo SECIHTI participa mediante colaboración científica y tecnológica. De acuerdo con la funcionaria, ya existe un prototipo con autonomía de hasta seis horas. La producción a mayor escala permanece como un siguiente paso, sujeto a las indicaciones de la presidenta.
La agenda también incluye una constelación de satélites de observación terrestre, con participación de la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y otras instituciones. Según Ruiz, la intención no es solo tener tecnología, sino formar personas capaces de desarrollarla en México. Ese enfoque atraviesa toda la presentación: conocimiento, pero también cuadros técnicos, laboratorios y capacidad instalada.
En salud, la secretaria dijo que se trabaja en dos dispositivos para diálisis y en dializadores, con la perspectiva de avanzar posteriormente hacia su fabricación. Relacionó estos desarrollos con el daño renal que puede producir la diabetes. En agricultura, destacó el trabajo con productores para mejorar semillas y conservar la diversidad del maíz. También informó que SECIHTI colabora con Marina, Semarnat y Turismo para atender el sargazo mediante recolección e investigación de posibles aprovechamientos.
Para sostener esta agenda, Ruiz recordó un antecedente de 2020: los ventiladores de respiración asistida presentados por Andrés Manuel López Obrador para atender a pacientes críticos de COVID-19. Aquel desarrollo fue coordinado por el entonces Conacyt, encabezado por María Elena Álvarez-Buylla. Los equipos fueron Ehécatl, patentado por el Estado mexicano, y Gätsy, desarrollado mediante colaboración entre el gobierno y la empresa Dydetec.
El fondo de la estrategia es claro: construir capacidad tecnológica propia. La pregunta es si el aparato estatal logrará convertir esa intención en industria, investigación aplicada y productividad real. Sin especialistas, sin continuidad y sin coordinación, la infraestructura corre el riesgo de convertirse en un símbolo costoso; con ejecución, puede ser una palanca para la libre empresa, la innovación y una economía menos dependiente del exterior.
Para los contribuyentes, el criterio no debería ser el entusiasmo retórico, sino el rendimiento concreto de cada proyecto. Si Coatlicue, los semiconductores, Olinia y los satélites terminan en capacidades útiles, el país habrá ganado soberanía tecnológica. Si no, la factura quedará en manos del erario y el desenlace será otro recordatorio de que la ambición estatal también exige resultados medibles.


