Carlos Melconian puso bajo la lupa el programa económico del Gobierno y dejó una advertencia de fondo: «Este tipo de cambio acelera las quiebras». En diálogo con LA NACION, elogió la vocación fiscal y la baja de la inflación, pero afirmó que las reformas vinculadas con el mercado de trabajo, la cuestión impositiva y la remonetización de la economía van «lento».
Para Melconian, esos tres factores explican el estancamiento económico y el impulso de los sectores ganadores, entre ellos minería, energía y campo, empujados por el RIGI. También describió un esquema sostenido por el boom exportador asociado a Vaca Muerta, aunque con fragilidades en las reservas y en el pago de la deuda.
«Toda la primera parte del año 2025 funcionó lo que ya había gatillado el final del 24, que fue crédito y rebote de la economía», dijo. A su juicio, hoy hay «distensión financiera y tensión real», con debates sobre poder adquisitivo, empleo y salario. El economista agregó que los dólares entran y salen con rapidez: «Los dólares entran por una ventana y salen por la otra».
En la conversación, también comparó la situación actual con otros momentos de tensión cambiaria. Dijo que el llamado síndrome del tercer año se verificó en 2014, 2018 y 2022, cuando hubo devaluaciones con impacto en la inflación. Pero remarcó que la situación de Milei es distinta a la de Menem en 1994 o Kirchner en 2006, porque para sostener esos escenarios —afirmó— se necesitaba crecer al 8% o al 9% con inflación de un dígito anual.
Melconian sostuvo además que el debate electoral no modifica el fondo del programa. A su entender, el gobierno de Javier Milei atraviesa una transición y el verdadero saldo quedará para la próxima administración, que probablemente reciba «una herencia mejor que la del 23».
El expresidente del Banco Nación también cuestionó la idea de que «la macro está resuelta pero no le llega a la micro». Dijo que cuando las variables macro están resueltas, terminan llegando a la economía cotidiana, pero subrayó que el trabajo «no está casi iniciado». En ese punto, señaló que el Gobierno redujo la inflación de 300% a 30% y el riesgo país de más de 2000 a 600, aunque insistió en que eso no alcanza para cerrar la discusión.
Otro eje de sus críticas fue la secuencia de las reformas y la forma de implementarlas. Melconian dijo que comparte la dirección general, pero no la personalidad del Presidente ni la instrumentalidad del programa. Señaló que la comunicación oficial es «muy mala» y que muchas cosas que el presidente anunció no ocurrieron. También dijo que cuando el Gobierno asegura que las estadísticas están mal, «eso confunde».
Sobre la apertura y la desregulación, advirtió que el proceso está concentrado hoy en sectores como el textil y el automotriz, con importaciones en caída. «Hoy manda la recesión y la desconfianza», afirmó. Y cuestionó el número de «18.000 desregulaciones» que se menciona en el oficialismo: dijo que no sabe cuáles serían las de alto impacto económico.
La escena lo dice todo. Melconian no discute la baja de la inflación ni el orden fiscal; discute el costo de llegar tarde con las reformas que, según él, deberían destrabar inversión, empleo y salario. En su diagnóstico, el aparato estatal puede celebrar resultados macro, pero si la burocracia regulatoria, tributaria y laboral sigue intacta, la economía real paga la cuenta.
Ese es el giro que queda sobre la mesa: un programa que busca mostrar disciplina, pero que todavía no convence en la calle ni en la trastienda productiva. Para la libre empresa, el mensaje es claro: sin reglas previsibles, sin alivio impositivo y sin un tipo de cambio que no castigue a las empresas, la recuperación puede quedarse en los sectores favorecidos y no en el conjunto de la economía.



