Trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) realizarán una megamarcha nacional este martes 13 de octubre en la Ciudad de México, con salida programada a las 15:00 horas desde el Centro Médico Nacional Siglo XXI y destino en Palacio Nacional, en el Centro Histórico.
La convocatoria, difundida en redes sociales, plantea una protesta de alcance nacional en la capital. Entre sus principales demandas están mejores condiciones laborales, mayor contratación de personal y mejoras en la infraestructura hospitalaria.
También exigen un salario digno, la contratación de más personal médico y administrativo, instalaciones dignas y seguras, así como acceso a citas médicas oportunas. De acuerdo con la información difundida, a la movilización podrían sumarse trabajadores del Metro de CDMX, Petróleos Mexicanos (Pemex), Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
El recorrido previsto podría ocasionar afectaciones viales en distintas avenidas y corredores importantes de la capital. Las autoridades capitalinas podrían implementar cortes viales durante la jornada, y el avance de los manifestantes determinará el nivel de las complicaciones.
Por ello, se recomienda a automovilistas y usuarios del transporte público anticipar sus traslados, considerar rutas alternas y mantenerse atentos a los avisos de las autoridades de tránsito de la Ciudad de México.
La escena lo dice todo. Una marcha de trabajadores del IMSS en la capital no solo presiona la movilidad urbana: también pone frente a frente dos realidades que el aparato estatal ya no puede esconder con discursos. Por un lado, personal que reclama salario digno, más contratación y hospitales en mejores condiciones; por el otro, una red de servicios públicos que obliga a sus propios trabajadores a salir a la calle para pedir lo básico.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Cuando un sistema de salud público llega al punto de convertir las calles en tribuna de reclamo, el mensaje es claro: la carga termina cayendo sobre usuarios, pacientes y contribuyentes. Los detalles cuentan la historia. Y en este caso la historia es la de una infraestructura presionada, una plantilla insuficiente y un costo social que se traslada, otra vez, a la ciudad entera.


