La escena lo dice todo. Un estrado en Medellín, el alcalde Federico Gutiérrez con el micrófono y el presidente electo Abelardo de la Espriella escuchando. La propuesta llegó sin rodeos: que la capital de Antioquia sea la sede oficial de Colombia dentro del Escudo de las Américas. La respuesta fue igual de directa: «Aprobado, hacemos aquí la sede».
El anuncio se produjo este martes durante un acto en la ciudad en el que participaron autoridades locales y se dieron a conocer varias medidas relacionadas con la descentralización del próximo gobierno. La decisión no fue improvisada. Gutiérrez explicó que la propuesta surgió después de que De la Espriella conversara con el presidente Donald Trump y con el secretario de Estado Marco Rubio, momento en el que Colombia —encabezada por el presidente electo— entró formalmente al Escudo de las Américas. Fue entonces cuando el alcalde planteó que Medellín fuera la sede operativa del país dentro de esa alianza, y que se priorizaran los 30 extraditables que, según indicó, «tiene Medellín y que tiene Colombia».
De la Espriella justificó la elección con una frase que resume el diagnóstico: «La cabeza de la serpiente está aquí. Y desde aquí se controla la mayoría del crimen organizado en Colombia». Más tarde reiteró: «Tiene todo el sentido del mundo porque aquí están las organizaciones que manejan prácticamente todo el crimen».
Gutiérrez añadió un argumento logístico de peso. Medellín es, según señaló, la única ciudad no capital —«creo que en América Latina, en el mundo»— con sede de Interpol, y ya cuenta con presencia articulada de la DEA, el HSI y el FBI. La infraestructura de cooperación internacional existe; lo que cambia es el rango y la formalidad del compromiso.
El Escudo de las Américas es una alianza regional de seguridad y defensa impulsada por Estados Unidos junto con varios países del continente. Sus objetivos declarados incluyen combatir el crimen organizado transnacional, el narcotráfico, las redes terroristas, la migración irregular y la influencia china en la región. La estrategia contempla la coordinación de operaciones militares y policiales entre los países participantes. Forman parte o se han adherido oficialmente Estados Unidos, Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Trinidad y Tobago.
La semana pasada, el vicepresidente electo José Manuel Restrepo había adelantado en Washington el interés del próximo gobierno en incorporarse a la alianza, aclarando que el proceso se adelantaría «con absoluto respeto por la soberanía nacional».
El acto en Medellín trajo otros anuncios de descentralización. De la Espriella confirmó que trasladará a la ciudad la sede principal de ProColombia, entidad encargada de promover exportaciones, turismo e inversión extranjera. Además, Medellín tendrá una sede alterna de la Presidencia de la República, junto con Barranquilla y Cali. «Voy a ir a Bogotá, por supuesto, pero voy a estar en todas las regiones del país», dijo el presidente electo.
En el plano internacional, Estados Unidos y otros once países del continente expresaron recientemente su respaldo a la transición presidencial en Colombia y manifestaron preocupación por las declaraciones del presidente saliente, Gustavo Petro, quien ha cuestionado —según la fuente, «sin aportar pruebas»— la victoria de De la Espriella en la segunda vuelta del pasado 21 de junio.
Los detalles cuentan la historia. Que la sede del Escudo de las Américas en Colombia no quede en Bogotá sino en Medellín no es un detalle administrativo: es una declaración de prioridades. El próximo gobierno identifica el corazón del crimen organizado, ubica allí la palanca de cooperación con Washington y lo hace en presencia del alcalde que ya tiene a las agencias federales estadounidenses trabajando en su ciudad. Para el libre mercado y la inversión extranjera, la señal es igualmente relevante: un Estado que recupera el control del territorio es un Estado donde los contratos se cumplen y las empresas pueden operar. El desafío, claro, es que la arquitectura institucional anunciada en un estrado se convierta en operaciones reales. Esa es la prueba que viene.



