La escena lo dice todo. Una fiesta en los Estados Unidos, a mediados de los años sesenta, y Marlon Brando acercándose de manera intimidatoria a la novia de un joven músico brasileño. La cosa casi se va a las manos. El músico era Marcos Valle, y la anécdota —contada por él mismo— resume bien el tipo de vida que llevó durante aquella primera etapa norteamericana: acceso a los estudios de grabación, presencia en la televisión y apariciones en reuniones donde los famosos abundaban.
Valle tiene hoy 82 años y vuelve a Buenos Aires el 16 de septiembre para tocar en el Deseo Club, en la avenida Chorroarín 1040. Será su segunda visita a la ciudad: la primera fue el año pasado, un debut tardío para alguien que lleva más de seis décadas componiendo. «Después de mucho tiempo pensando en ir a la Argentina, la oportunidad llegó finalmente», dijo el músico. «Apenas subí al escenario, la gente gritaba Marcos, Marcos».
La historia de Valle empieza antes de todo eso. Desde los cuatro años sentía la música en la cabeza, según sus propias palabras, aunque su padre prefería que estudiara derecho. Estudió piano clásico, se interesó por el jazz y la adolescencia lo empujó hacia la bossa nova en sus años fundacionales. Su primer álbum llegó en 1962.
Dos años después, de la mano de Sérgio Mendes, hizo una gira por los Estados Unidos. El momento era propicio: el país del norte miraba a Brasil con genuina curiosidad cultural, y la bossa nova en inglés encontraba audiencia. Valle grabó dos discos para Warner y participó en programas de televisión. Su tema «Samba de Verão» —escrito originalmente con letra de su hermano Paulo Sérgio y estrenado por el trío de Walter Wanderley— llegó al mercado anglosajón como «So Nice», con letra de Norman Gimbel. La melodía es hoy reconocible para millones de personas que no saben de qué canción se trata ni quién la compuso.
Pero Valle volvió. No por nostalgia, aclara él, sino por algo más concreto: «Mi dificultad para vivir fuera de Brasil era muy grande». El ambiente profesional de Río de Janeiro le resultaba más afín, aunque reconoce que Sérgio Mendes tenía «una visión diferente, más profesional en términos de organización». Valle, en cambio, prefiere dejar que las cosas sucedan.
El regreso de 1968 tenía también una dimensión política. Brasil vivía bajo una dictadura militar y Valle quería, según sus palabras, «reaccionar frente a eso con el resto de los artistas». Allí trabó amistad con Milton Nascimento y compuso «Viola Enluarada», que el propio Nascimento interpretó con éxito. Pero la presión del régimen fue desgastando al músico. Para 1975, relata, ya no tenía ganas de subir al escenario. «Necesitaba tomarme un respiro». Se marchó de nuevo a los Estados Unidos, esta vez huyendo del peso de la censura. Recién en los años ochenta, con el retorno de la democracia en Brasil, Valle decidió volver al calor carioca.
Lo que vino después confirmó que los dos exilios y las idas y vueltas no habían sido en vano. Sarah Vaughan, Dizzy Gillespie, Oscar Peterson, Diana Krall, Elis Regina, Caetano Veloso, Roberto Carlos, Tim Maia y el grupo norteamericano Chicago grabaron canciones suyas o colaboraron con él. Y a partir de los años noventa, su catálogo encontró una segunda vida inesperada: productores de hip-hop samplearon sus temas para artistas como Jay-Z, Kanye West, Pusha T y Childish Gambino.
«Tanto mi comienzo, trabajando con Sérgio Mendes, como cuando los DJ y raperos se interesaron por mi música, hablan de que siempre he estado abierto a cosas nuevas», explicó Valle. «El jazz, el rock, el samba, el baião, la música negra; siempre ha sido así».
Sobre el escenario, el músico que de niño era tímido ha llegado a una conclusión práctica: la ansiedad previa es útil. «Si te sientes demasiado cómodo, se pierde la emoción. Y la emoción de hacer algo despierta otras emociones».
La trayectoria de Marcos Valle es, entre otras cosas, el retrato de un artista que eligió la intuición sobre el cálculo y la pertenencia sobre la conveniencia. En un mundo de la industria musical donde el éxito suele medirse por la permanencia en el mercado más rentable, Valle eligió dos veces volver a casa. Que sus canciones hayan terminado en los estudios de los productores de hip-hop más influyentes del planeta sin que él lo planificara dice algo sobre la diferencia entre construir una carrera y vivir una vocación. Buenos Aires, que lo descubrió tarde, tendrá una nueva oportunidad de comprobarlo en septiembre.



