El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía está operando entre 45 % y 50 % de su capacidad habitual, dos semanas después del reinicio formal de actividades en sus terminales temporales, según confirmó el viceministro de Transporte Aéreo y presidente de Bolivariana de Aeropuertos (BAER), Sergio Silvio Prato.
La escena lo dice todo. La principal infraestructura aérea de la nación volvió a moverse, pero lo hizo sobre bases provisorias, en medio de una recuperación todavía marcada por los daños estructurales sufridos tras los terremotos del 24 de junio.
De acuerdo con las cifras suministradas por Prato en una entrevista en Unión Radio, durante las primeras dos semanas de operaciones se registraron 1.145 vuelos nacionales y 576 itinerarios internacionales. Ese movimiento permitió trasladar aproximadamente 75.500 pasajeros en rutas domésticas y 83.000 en conexiones hacia el exterior.
Prato dijo que no existe apuro en concluir el terminal inicial porque los módulos temporales están operando «de una forma excelente». También explicó que el objetivo es recuperar toda la zona afectada de ambos terminales, incluso el edificio 6, para que alcance el 100 % en el menor tiempo posible.
El titular de BAER señaló, además, que la administración no ha fijado un plazo rígido para la reapertura definitiva del edificio terminal principal. La razón, según expuso, es que las instalaciones provisionales seguirán siendo objeto de adecuaciones adicionales de diseño y ampliación de espacios para adaptarlas a estándares internacionales modernizados.
En paralelo, las autoridades aeroportuarias destacaron un despliegue asistencial para los trabajadores del sector, muchos de los cuales resultaron afectados directa o indirectamente por la contingencia telúrica de junio. La logística incluye áreas de descanso, servicios de alimentación, atención médica integrada y respaldo psicológico para el personal de protocolo, seguridad aeroportuaria, control migratorio y unidades antidrogas que operan de manera continua en las instalaciones temporales.
También se informó que las instalaciones provisionales han movilizado a más de 158.000 pasajeros. Esa cifra aparece como uno de los indicadores más visibles de la reactivación parcial, en un país donde el aeropuerto de Maiquetía cumple una función central en la conectividad interna y externa.
Pero el dato principal sigue siendo otro: el regreso no es pleno. El sistema funciona a media máquina, con una operación sostenida por terminales temporales mientras la reconstrucción avanza a paso todavía indeterminado. Para entender el presente hay que volver a esa semana: el doble sismo del 24 de junio dejó una huella estructural que obligó a reorganizar el flujo aéreo y a mover el negocio aeroportuario hacia soluciones provisionales.
Ese giro tiene implicaciones claras. Por un lado, evita un apagón mayor de la conectividad. Por otro, deja a la vista el costo de depender de infraestructura dañada y de respuestas de emergencia que, aunque funcionales, no sustituyen una terminal principal plenamente operativa. Los detalles cuentan la historia.
Desde la perspectiva del interés público, la recuperación importa porque sostiene la movilidad de pasajeros, la actividad aérea y el trabajo de quienes dependen del aeropuerto. Pero también revela la fragilidad de una pieza clave de la infraestructura nacional cuando la capacidad se mide en porcentajes y la normalidad sigue suspendida en módulos provisorios.
La verdadera prueba no será que Maiquetía opere a 45 % o 50 % por unas semanas. Será cuánto tarda en salir de la provisionalidad y volver, con obras concluidas, a una operación plena y estable. Mientras eso no ocurra, la mitad del aeropuerto seguirá siendo, en los hechos, la mitad del país que aún espera volver a despegar con normalidad.


