La cuenta regresiva ya comenzó. A dos meses de su apertura, Mafalda Inmersiva se prepara para debutar en el Centro Cultural Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires con una propuesta que llevó más de tres años de desarrollo y la participación de un equipo internacional de artistas, diseñadores y tecnólogos de Argentina, España e Inglaterra.
Los detalles cuentan la historia. La muestra ocupa 1.300 metros cuadrados distribuidos en 14 salas temáticas. El visitante puede recorrer una ciudad en miniatura, ingresar a la casa de Mafalda a escala real, al almacén de Manolito y a la plaza donde los personajes esperan en esculturas volumétricas de tamaño natural. La tecnología desplegada incluye animaciones basadas en los dibujos originales, video mapping de alta resolución, proyecciones inmersivas en 360°, sonido envolvente y realidad virtual multiusuario.
Una de las decisiones creativas más reveladoras fue conservar las burbujas de diálogo sin voz: cada visitante imagina cómo hablan Mafalda, Felipe, Susanita y Manolito, exactamente como sucedía al leer las historietas en papel. La otra decisión clave fue la paleta de colores. Damián Kirzner, director y productor general de la muestra, encontró la respuesta en una feria de libros usados de Bordeaux, Francia: una edición publicada por Éditions Glénat cuyos colores fueron aprobados en su momento por el propio Quino. Esa colección se convirtió en la guía cromática de toda la experiencia.
«La propuesta es entrar en familia a la fantasía del mundo que Quino creó», explicó Kirzner. «Los chicos lo descubrirán jugando, mientras que los adultos podrán reencontrarse con la mirada tierna, inteligente e irónica con la que Mafalda sigue invitándonos a pensar el mundo.»
El proyecto cuenta con la licencia exclusiva de los sucesores de Joaquín S. Lavado Tejón —nombre real de Quino—, quienes acompañaron la iniciativa desde sus primeras etapas. Ese respaldo no es un detalle menor: garantiza que cada decisión estética y narrativa haya pasado por el filtro de quienes custodian la obra original.
Tras el estreno en Buenos Aires, la muestra iniciará una gira por Europa y Latinoamérica, con el objetivo de llevar el universo de la historieta argentina a nuevos públicos. Las entradas se adquieren a través de la plataforma Ticketek desde las 10 de la mañana.
La escena lo dice todo. Una producción concebida en Argentina, financiada de forma privada, con licencia legítima y ambición internacional: eso es exactamente el tipo de industria creativa que prospera cuando la propiedad intelectual se respeta y el mercado tiene espacio para innovar. Los sucesores de Quino protegieron el activo; un productor privado asumió el riesgo de tres años de desarrollo; el resultado es una experiencia exportable que generará valor —turismo, empleo cultural, divisas— sin necesidad de subsidio estatal ni burocracia que lo avale.
Mafalda siempre fue un personaje incómodo con el poder y escéptico de las soluciones fáciles. Hay algo apropiado en que su legado viaje al mundo no en el bolso del Estado, sino en las manos de quienes apostaron su tiempo y su capital a que la obra de Quino merece una segunda vida. El libre mercado de las ideas, cuando funciona, produce exactamente esto.



