La escena lo dice todo. Un grupo de los clientes más importantes de Maersk llega a Panamá, recorre el Canal, visita los puertos, evalúa el ferrocarril —y sale con una pregunta incómoda: ¿por qué todo sigue igual que hace años?
Antonio Domínguez, presidente de Maersk para América Latina y el Caribe, contó esa historia en el foro de la plataforma Panorama Marítimo y Logístico celebrado el jueves 6 de agosto en Ciudad de Panamá. Su diagnóstico no dejó margen para la diplomacia corporativa.
«Seguimos trabajando todos por su lado, no hay más puertos, es la misma cantidad de puertos que había en ese momento [de la ampliación del Canal], y la infraestructura sigue siendo la misma», afirmó Domínguez ante el auditorio.
La ventana que se cerró
La ampliación del Canal abrió, según Domínguez, una oportunidad histórica: construir más puertos, incrementar la capacidad logística, integrar el transporte de carga terrestre con el marítimo y el aéreo, y generar valor agregado. Panamá no la aprovechó. Otros sí: Colombia, Costa Rica, México, Perú y varios mercados del Caribe mejoraron su infraestructura en ese período.
El representante de la naviera reconoció que esa ventana inicial ya se cerró, pero subrayó que existen nuevas oportunidades —siempre que los procesos se aceleren.
Río Indio, el eje de todo
El centro del mensaje de Domínguez fue el embalse de Río Indio. «Pero en mi mente no existe que un panameño no entienda que el río Indio es lo más importante que tenemos en este país (...) Si no se hace, tenemos un gran problema y muy grande (...) Estamos perdiendo el tiempo», declaró.
El proyecto, según explicó, no solo garantizaría agua para la vía interoceánica: también proveería agua dulce para el consumo de la población. Y le daría a Panamá, en sus palabras, «50 años más de horizonte de expansión para manejar el Canal». En un escenario de fenómenos de El Niño más frecuentes e intensos, esa reserva hídrica deja de ser una opción y se convierte en condición de supervivencia competitiva. «El calentamiento global es una realidad y va a seguir impactando. Panamá tiene que estar listo para eso», advirtió.
El ecosistema que no existe
Más allá del agua, los clientes internacionales que Maersk trajo a Panamá identificaron otro flanco débil: la falta de integración de las cadenas logísticas. Domínguez explicó que, aunque una carga puede trasladarse rápidamente de un puerto a otro, los clientes cuestionaron si existen los mecanismos legales y operativos para hacerlo de forma ágil. Cualquier falla, señaló, puede dejar mercancía detenida durante días y erosionar la competitividad del hub.
A eso se suma el rezago tecnológico. «A ellos les preocupa que sigamos nosotros liberando carga con sellos frescos y no con QR Code, con herramientas tecnológicas», dijo Domínguez, al comparar la situación panameña con mercados que ya operan con soluciones digitalizadas.
El tercer déficit que identificó es el talento. La educación, a su juicio, no responde a las necesidades actuales del país. Su propuesta: impulsar con fuerza las carreras vocacionales. «Tenemos que educar más rápido. Tenemos que hacer carreras vocacionales», señaló, en un contexto en que la inteligencia artificial está rediseñando el mercado laboral.
En el debe también, Domínguez evaluó positivamente los planes en marcha: el proyecto de Río Indio, el proceso de licitación de dos terminales portuarias y el desarrollo del gasoducto. «Fortalecer todo lo que es la infraestructura con los puertos en Panamá, le dará valor al país y no solamente ver la carga pasar», afirmó.
Lo que está en juego
Para Hemisferio, el diagnóstico de Domínguez es la radiografía de un país que tiene la geografía a su favor y la burocracia en contra. Panamá no perdió la carrera logística por falta de activos: la perdió por falta de decisión. El Canal es un monopolio natural que ningún vecino puede replicar, pero un monopolio sin agua es un canal cerrado, y un hub sin ecosistema digital es un depósito caro.
El mensaje de la mayor naviera del mundo no es una amenaza; es una oferta con fecha de vencimiento. La libre empresa necesita certeza jurídica, infraestructura y talento. Cuando los tres escasean al mismo tiempo, el capital no espera: busca el siguiente puerto en el mapa. Y en ese mapa, Colombia, Costa Rica y México ya llevan años construyendo.



