La escena lo dice todo. Las cámaras de seguridad de un hotel en Santa Marta registraron a una mujer de 68 años saliendo a caminar con un perro de pelaje anaranjado. Nadie la acompañaba. Nadie sabía que estaba allí.
Luz Estella Zapata Pérez, viuda, residente en el occidente de Medellín, fue vista por última vez en su barrio Sevilla el pasado 7 de agosto, caminando con su mascota Lilo. Esa misma madrugada abordó un bus de la empresa Rápido Ochoa en la Terminal del Norte con destino a la Costa Caribe. Nadie en su familia recibió una llamada, un mensaje, una señal.
Llegó a un hotel de Santa Marta junto a Lilo. Pasó la noche allí. Luego dejó parte de su equipaje y su teléfono celular en el establecimiento, y volvió a desaparecer.
El 12 de agosto hubo una segunda pista: se hospedó en otro hotel en el sector La Bahía, en la misma ciudad. Desde esa fecha no hay información sobre su paradero.
Su hija Sara viajó a Santa Marta en cuanto tuvo las primeras pistas. Visitó los dos hoteles con apoyo de la Policía, que patrulla las calles buscándola. El personal de ambos establecimientos le confirmó que nadie había visitado a Luz Estella durante sus cortas estadías. Las grabaciones de las cámaras de seguridad la muestran saliendo a caminar con la mascota, siempre sola.
«Ella no tiene la costumbre de desaparecerse así. No tiene antecedentes de problemas mentales, ni está medicada, ni consume drogas, por eso esta situación ha sido tan sorpresiva para todos», declaró Sara a El Colombiano.
La familia descarta explicaciones médicas convencionales. Luz Estella no padece desórdenes mentales conocidos, no está bajo ningún tratamiento farmacológico y no tiene vínculos en Santa Marta: «Ella no tiene familiares ni amigos allá. La última vez que estuvo fue hace cuatro años, pero no entendemos por qué no nos avisó», agregó su hija.
El perfil físico de la mujer desaparecida es preciso: mide 1,48 metros, es trigueña, de ojos cafés y lleva las canas teñidas de morado. En la última grabación viste gorra, camisa blanca y pantalón negro de rayas blancas. Su única compañía visible es Lilo, un perro criollo de pelaje anaranjado.
Sara también precisó que su madre no trabaja y que el dinero que lleva consigo proviene de lo que la familia le entrega. Eso acota el margen de tiempo en que podría sostenerse sola en una ciudad desconocida.
La Fiscalía y la Policía están activas en el caso. Quien tenga información puede reportarla a las líneas 122 y 123, respectivamente.
Los detalles cuentan la historia. Una mujer mayor, sin red de contactos en la ciudad, sin teléfono, con un perro y una cantidad limitada de dinero, lleva días moviéndose por Santa Marta sin dejar rastro claro. La ausencia de un motivo conocido —enfermedad, conflicto familiar, deuda— es precisamente lo que hace más urgente la búsqueda.
Casos como este recuerdan la fragilidad de los sistemas de alerta temprana para adultos mayores en Colombia. La familia actuó con rapidez, las autoridades respondieron, pero el paradero sigue siendo un misterio. Cada hora que pasa sin información es una hora más de incertidumbre para quienes esperan en Medellín.



