Los números tienen nombre propio. El Registro Nacional de las Personas de Guatemala —el RENAP— publicó esta semana el listado de los cinco apellidos con mayor número de inscripciones en el país, una radiografía que va más allá de la estadística y toca la médula de la identidad nacional.
López encabeza el ranking con 1.931.794 personas registradas bajo ese apellido. Le siguen Pérez, con 1.371.254; García, con 949.823; Hernández, con 911.073; y Morales, con 691.248. En conjunto, los cinco apellidos suman más de cinco millones de registros en un país de identidad profundamente mestiza.
La institución presentó esta primera entrega como parte de una serie especial que se extenderá durante agosto y culminará con los 20 apellidos más comunes de la República. El objetivo declarado es «resaltar la importancia de los registros civiles en la construcción de la identidad nacional». El RENAP lo resumió con una frase que circuló en redes: «En RENAP registramos lo más valioso de Guatemala: su gente».
La publicación despertó una reacción inmediata en redes sociales. Usuarios comentaron la presencia de sus propios apellidos, compartieron historias familiares y debatieron el peso simbólico de cada nombre. Los detalles cuentan la historia.
Sobre el origen de López, el medio digital Soy 502 señala que proviene de España y significa «hijo de Lope», un nombre derivado del latín lupus, lobo. Como la mayoría de los apellidos del listado, su arraigo en Guatemala se consolidó a partir del siglo XVI, cuando el sistema colonial de registro, bautismo y administración civil obligó a la población nativa a adoptar nombres y apellidos hispánicos. Ese proceso, impuesto hace cinco siglos, sigue visible hoy en cada cédula de identidad.
El mismo RENAP publicó en mayo de 2026 estadísticas sobre los nombres de pila más inscritos entre 2019 y 2025, y el contraste con los apellidos es revelador. Mientras los apellidos permanecen casi inmóviles —herencia fija, transmitida de generación en generación—, los nombres de pila muestran una transformación acelerada.
En 2019, María y José encabezaban las inscripciones, con más de seis mil y cinco mil registros respectivamente. Desde 2022, nombres como Liam y Dylan irrumpieron en los primeros puestos. Para 2024, Liam lideraba con 4.655 registros, seguido de Dylan y José. En 2025, la tendencia se afianzó: Liam primero, luego Eithan y Ailany, nombres que no figuraban entre los más populares al inicio del periodo. Thiago también aparece en la lista reciente. Los clásicos Juan, María y José mantienen presencia, aunque con menor frecuencia.
La escena lo dice todo: apellidos con cinco siglos de historia conviven con nombres de pila que llegaron por streaming y redes sociales. Guatemala no es la excepción; es el espejo más nítido de una tensión que recorre toda América Latina.
Para Hemisferio, el dato tiene una lectura adicional. El registro civil eficiente —el que cuenta, clasifica y publica con precisión— es la infraestructura invisible del estado de derecho. Sin identidad documentada no hay propiedad, no hay contrato, no hay ciudadanía plena. Que el RENAP difunda estos datos con regularidad y los abra al escrutinio público es, en sí mismo, un acto de transparencia institucional que merece reconocimiento. La burocracia que registra bien es la que menos se nota y la que más falta hace. Los cinco apellidos en lo alto del ranking son, también, un recordatorio de cuántas familias guatemaltecas dependen de que esa institución funcione.



