La escena lo dice todo. Mientras el debate político ocupa los titulares, Lima demuestra esta semana que su vida cultural no espera permiso de nadie. Del Centro Histórico a San Borja, pasando por Jesús María y San Isidro, la ciudad despliega una programación que va del siglo V antes de Cristo hasta los escenarios de Broadway, con entradas desde quince soles y varias opciones completamente gratuitas.
La apertura más comentada de la semana llega al Museo de Arte de Lima. El MALI, en colaboración con Bank of America, presenta una gran retrospectiva dedicada a Julia Codesido, reconocida como la primera pintora profesional del Perú. La muestra, con curaduría de Luis Eduardo Wuffarden y Ricardo Kusunoki, recorre más de cinco décadas de producción artística: desde su adhesión al indigenismo liderado por José Sabogal hasta su diálogo con el muralismo mexicano y las tendencias no figurativas de los años sesenta y setenta. Las entradas parten desde S/ 15, con precios especiales para niños y adultos mayores.
En el ICPNA San Miguel, la artista Paola Vela propone una mirada crítica sobre los mecanismos que determinan qué imágenes circulan y bajo qué condiciones se vuelven visibles. Su pieza central, El museo filmado, es una videoinstalación de tres canales rodada en el Museo del Cerebro, el Museo de la Sexología de la Clínica González y el Museo de Historia Natural de San Marcos, con animaciones inspiradas en Alicia en el país de las maravillas y citas del filósofo Walter Benjamin. La curaduría es de Carlos Zevallos Trigoso.
En la Sala Azul de la Casa O'Higgins, en pleno Centro de Lima, Diana Kisner inaugura Peruvian Films, una exposición que parte del archivo personal de su abuelo, un inmigrante de origen rumano que trabajó en la distribución cinematográfica en el Perú hasta 1953. El proyecto recupera materiales de la época, entre ellos la proyección de Hitler – Beast of Berlin, una película censurada que abre una conversación sobre el exilio y la memoria de las migraciones judías en América Latina. La muestra inaugura una nueva edición del Festival de Cine de Lima PUCP e incluye conversatorios, visitas guiadas y un encuentro con la artista.
En las artes escénicas, la semana tiene protagonistas de peso. La Municipalidad Metropolitana de Lima, en coproducción con el Patronato Amigos del Ballet Municipal, presenta Carmen y Raymonda con el Ballet Municipal de Lima. Carmen, con música de Georges Bizet y coreografía de Jean Grand-Maitre, narra la historia de una mujer cuyo espíritu libre desencadena un trágico destino. Raymonda, con música de Alexander Glazunov, llega en estreno coreográfico de Carlos Valcárcel.
Para quienes prefieren la comedia, la célebre obra de Aristófanes Las aves, estrenada en Atenas en el año 414 a. C., regresa a los escenarios en una versión libre dirigida por Mateo Chiarella Viale y producida por Aranwa Teatro. El elenco reúne a Alberto Isola, Ricardo Velásquez, Brunella Odar, Renzo Quintanilla y Germán Ojeda. Las funciones son viernes y sábados a las 8 p.m. y domingos a las 7 p.m.
El teatro íntimo también tiene su lugar. Nosotras que nos queremos tanto reúne a las primeras actrices Yvonne Fraysinett, Cecilia Tosso, Mónica Domínguez y Patricia Fraysinett en la historia de cuatro hermanas que se reúnen a repartir los bienes de su madre fallecida, con viejos resentimientos y humor como ingredientes principales. Y Marco Zunino lleva su espectáculo Mi vida en musicales a los escenarios, recorriendo con música y baile en vivo títulos como Rent, Moulin Rouge!, Cabaret, Jesucristo Superstar y Chicago, con la participación de la actriz Gisela Ponce de León.
Los detalles cuentan la historia. Una agenda como esta, distribuida por distintos distritos y con múltiples opciones de acceso libre, es el mejor argumento contra quienes sostienen que la cultura es un privilegio de élites. La libre empresa y la iniciativa privada —Bank of America como mecenas del MALI, el Patronato Amigos del Ballet, los productores independientes detrás de cada obra— son los que hacen posible que esta oferta exista y llegue a distintos públicos y presupuestos. El aparato estatal puede acompañar, como lo hace la Municipalidad con el ballet, pero la vitalidad cultural de Lima esta semana tiene nombre propio: la suma de iniciativas privadas, artistas independientes y ciudadanos que eligen invertir su tiempo y su dinero en algo que dura más que un ciclo electoral.



