AHORA
Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Américas

Las memorias grises del DAS

Un exintegrante del extinto organismo de inteligencia colombiano publica un libro que mezcla testimonios, investigaciones y ficción sobre décadas de operaciones, corrupción y servicio al Estado.
Imagen ilustrativa
domingo 19 de julio de 2026

El libro llega sin aspavientos, pero con un título que no deja lugar a dudas sobre su tono: Delincuenciadas: Delinquiendo al servicio del Estado. Su autor, el abogado Franklin Padilla, exintegrante del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), reúne en sus páginas una mezcla de investigaciones, relatos de exdetectives, hechos publicados por medios de comunicación y episodios que, según advierte él mismo, combinan elementos reales y ficticios.

El DAS operó en Colombia entre 1960 y 2011. Durante más de cinco décadas fue el principal organismo civil de inteligencia del país, hasta que fue suprimido en medio de escándalos que incluyeron interceptaciones ilegales, vínculos con grupos paramilitares y filtración de información. Su cierre marcó el fin de una era institucional cuya historia completa, sostiene Padilla, todavía no ha sido contada del todo.

En la introducción del libro, el autor aclara dos cosas con igual énfasis. La primera: que la obra no nació del resentimiento contra la entidad ni contra quienes la integraron. La segunda: que varias de las narraciones provienen de testimonios de antiguos detectives, razón por la cual el texto no garantiza plenamente su veracidad. Es una advertencia inusual en un libro de no ficción, y también una señal de honestidad sobre el terreno que pisa.

La obra no es, entonces, un alegato. Padilla dice querer mostrar tanto el trabajo de funcionarios que cumplieron con su deber como los casos de corrupción protagonizados por algunos de sus integrantes. Esa dualidad —el servidor público que actúa dentro de la ley y el que la dobla en nombre del Estado— es precisamente la tensión que recorre la historia del DAS desde sus primeros años hasta su disolución.

Los detalles cuentan la historia. El DAS fue, en distintos momentos, el brazo de inteligencia que protegió a presidentes, investigó a narcotraficantes y también, según múltiples investigaciones judiciales y periodísticas previas a este libro, el aparato que espiló a magistrados, periodistas y líderes de oposición durante los años del gobierno de Álvaro Uribe. Esos hechos fueron documentados en su momento por la prensa y por la Fiscalía colombiana, y forman parte del registro público sobre el organismo.

Padilla no entra al ruedo como un outsider. Su condición de exintegrante le da acceso a una memoria institucional que rara vez sale a la luz de forma ordenada: la cultura interna, los procedimientos informales, las lealtades y los miedos que moldean el comportamiento de quienes trabajan en la sombra del Estado. Esa perspectiva desde adentro es, al mismo tiempo, el mayor activo del libro y su principal zona de riesgo, dado que la línea entre el testimonio y la justificación puede volverse delgada cuando quien escribe fue parte de lo que narra.

La mezcla de géneros —investigación, testimonio, ficción— no es nueva en la literatura latinoamericana sobre inteligencia y seguridad del Estado. Pero sí plantea preguntas legítimas sobre cómo el lector debe procesar lo que lee: qué es verificable, qué es reconstrucción y qué es elaboración narrativa. El propio Padilla anticipa esa incomodidad en su introducción, al advertir que no puede garantizar la veracidad plena de todo lo que relata.

Para entender el presente hay que volver a esa semana —o en este caso, a esas cinco décadas. Colombia lleva años intentando procesar institucionalmente el legado del DAS: juicios, comisiones, archivos desclasificados. Un libro que combine la voz de quienes estuvieron adentro con la advertencia honesta de sus propias limitaciones puede ser, en ese contexto, un documento útil aunque imperfecto.

---

Desde la perspectiva de Hemisferio, lo que hace interesante a Delincuenciadas no es solo su contenido sino su existencia misma: un exfuncionario que decide hablar, que mezcla lo que sabe con lo que le contaron, y que tiene la honestidad de decirlo. En un país donde el aparato estatal de inteligencia acumuló poder sin rendición de cuentas durante décadas, esa transparencia sobre los límites del propio relato es, paradójicamente, más valiosa que la certeza fabricada. El problema no fue solo la corrupción de algunos individuos dentro del DAS; fue la lógica de un organismo que operó demasiado tiempo fuera del escrutinio ciudadano. Ese es el principio que está en juego: sin controles reales sobre el Estado, el servicio público se convierte, tarde o temprano, en el título del libro.

Más de Américas