A principios de este año, en una zona boscosa del noroeste de Gainesville, una pala de campo tocó algo que no debería haber sobrevivido entero. Era una vasija de cerámica. Cuatrocientos años bajo tierra. Sin una sola grieta.
Los estudiantes que la encontraron hacían prácticas de campo arqueológico en el yacimiento de la Misión San Francisco de Potano, bajo la dirección de Gifford Waters y Charles Cobb, ambos curadores del Museo de Historia Natural de Florida. El lugar guarda los rastros de una cocina del siglo XVII, la residencia de un fraile y el poblado Potano que la rodeaba.
La escena lo dice todo. En excavaciones terrestres, los objetos aparecen rotos o desechados. La presión del suelo, las alteraciones del terreno, los siglos: todo conspira para fragmentar lo que alguna vez fue entero. «Es algo muy singular», dijo Waters. «Normalmente, encontramos objetos rotos y desechados. Uno no deja atrás cosas que aún se pueden usar, así que ¿por qué lo pusieron en un pozo a propósito?».
Waters fue más lejos. Fuera de los yacimientos de naufragios, donde sí es común hallar materiales completos, esta es la primera vez en su carrera que trabaja con un equipo que desentierra una vasija de cerámica totalmente intacta.
El lugar y su historia
En 1585, los Potano —un grupo del pueblo Timucua del norte de Florida— llegaron a la zona después de que las fuerzas españolas los expulsaran de su hogar anterior. En 1606, el gobierno español envió a un fraile para fundar la misión. Fue una de las primeras de más de cien misiones católicas establecidas durante el siglo siguiente para sostener el dominio español en Florida. En su momento de mayor ocupación, la aldea habría reunido a unos pocos cientos de habitantes potano y a un solo europeo: el fraile.
La misión quedó abandonada en 1706. Sus rastros se diluyeron hasta que comenzaron a aflorar artefactos en la década de 1950. Desde 2006, arqueólogos y estudiantes han recuperado más de 7.000 artefactos. La mayoría son cerámica indígena. También han aparecido cuentas de vidrio, herramientas de piedra, clavos y huesos de animales: tortuga, pescado de agua dulce, pavo.
Lo que la vasija no dice
La pieza apareció dentro de una estructura de construcción española. Su función todavía no está clara. Los registros del sitio indican que una pequeña guarnición de soldados llegó al lugar cuando aumentaron las incursiones británicas a comienzos del siglo XVIII. La estructura pudo haber servido como cuartel. Cerca de la vasija aparecieron la mira trasera de un fusil y la placa lateral de un mosquete.
Los arqueólogos suelen encontrar en los recipientes de cocina una capa interior de residuos de comida quemada y carbón. Esta pieza no los tiene. El equipo concluye que no se usó sobre el fuego para cocinar. Las leves marcas de quemadura en el exterior quizá se originaron durante su fabricación, o al colocarla cerca del fuego para calentar porciones individuales.
El estilo de la vasija tampoco resulta familiar para los especialistas. Por su profundidad y su ubicación, los arqueólogos creen que probablemente se elaboró durante el siglo en que funcionó la misión. Pero nada más es seguro.
Poco después del primer hallazgo, los estudiantes sacaron fragmentos de una vasija mucho mayor y muy distinta. Superficie rugosa. Composición que no encaja con las tradiciones alfareras locales. El equipo sospecha que llegó por intercambio con comunidades de San Agustín o de la actual Jacksonville. O que la llevó un residente recién llegado con prácticas propias.
«Durante los últimos años de esta misión, personas de distintas partes de Florida y nativos americanos de diversas zonas se asentaron en el yacimiento y sus alrededores», dijo Waters. «Es realmente fascinante observar estas diferencias y conexiones en los artefactos».
Para entender el presente hay que volver a esa semana de excavación. Lo que el equipo encontró no es solo una pieza bien conservada. Es evidencia de un espacio donde convivieron costumbres que se mantuvieron y costumbres que cambiaron. Esa mezcla quedó registrada en la cerámica y en la distribución de los restos que siguen bajo tierra.
Los detalles cuentan la historia. Y en este caso, el detalle más revelador es lo que falta: ninguna marca de uso, ningún residuo de cocina, ninguna explicación para por qué alguien enterró algo que todavía servía. Cuatrocientos años después, la pregunta sigue abierta.


