Los detalles cuentan la historia. Cuatrocientos treinta y cinco estudiantes universitarios respondieron una encuesta del Programa de Psicología de la Universidad Manuela Beltrán (UMB) sobre bienestar emocional. El resultado más contundente: el 82% afirmó haber sentido soledad en algún momento de su etapa académica.
No se trata de un fenómeno uniforme. El estudio distingue matices: el 26,4% de los participantes manifestó sentirse solo de manera frecuente o permanente, mientras que el 55,6% señaló que esa sensación aparece ocasionalmente. Solo el 18% indicó no haber atravesado este tipo de experiencias.
La vida universitaria, rodeada de nuevas relaciones y espacios de interacción, no garantiza conexión real. Los datos sobre redes de apoyo lo confirman: el 19,5% de los jóvenes encuestados afirmó no tener a nadie con quien conversar sobre sus problemas. El 35,9% señaló que solo algunas veces cuenta con ese respaldo. Apenas el 44,6% aseguró tener una persona cercana con quien compartir sus preocupaciones.
Hans Acero, investigador del estudio, subrayó que contar con vínculos sólidos puede marcar una diferencia importante en la manera en que los jóvenes afrontan los retos personales y académicos. Según explicó, esas conexiones funcionan como herramienta de apoyo para fortalecer el bienestar emocional.
El estudio también examinó el papel de las redes sociales, omnipresentes en la rutina universitaria. El 57,9% de los participantes pasa entre dos y cuatro horas diarias en estas plataformas; el 30,6% permanece conectado entre cinco y siete horas; y el 11,5% las usa más de siete horas al día. Las percepciones sobre su impacto son ambivalentes: el 72,2% consideró que la sensación de conexión o aislamiento depende del tipo de interacción que tenga en redes sociales. El 17% afirmó que estas herramientas les ayudan a sentirse más conectados, mientras que el 10,8% aseguró que aumentan su sensación de soledad.
Donde la fotografía se vuelve más preocupante es en el acceso a servicios de salud mental. El 59,5% de los encuestados nunca acudió a un psicólogo u otro especialista para atender asuntos relacionados con su salud mental. El 40,5% restante sí lo hizo en algún momento. Los investigadores identificaron como posibles obstáculos las limitaciones económicas, el desconocimiento sobre las rutas de atención disponibles y los prejuicios que persisten alrededor de pedir ayuda psicológica.
Ante ese panorama, la investigación propone fortalecer las estrategias de acompañamiento dentro de las universidades. Entre las recomendaciones figuran programas de mentoría entre estudiantes, grupos de escucha activa y espacios de integración que permitan generar vínculos fuera de las actividades académicas. También se sugiere promover campañas de educación digital para desarrollar hábitos más saludables en el uso de redes sociales, así como mejorar el acceso a servicios psicológicos mediante rutas más sencillas y oportunas.
Los investigadores resaltaron la importancia de continuar estudiando la relación entre las emociones, las relaciones sociales y los hábitos digitales para comprender cómo evolucionan estos fenómenos entre la población universitaria.
La escena lo dice todo. Más de la mitad de los jóvenes encuestados pasa entre dos y siete horas diarias frente a una pantalla, y sin embargo uno de cada cinco no tiene a nadie con quien hablar de sus problemas. La paradoja digital —más conexiones virtuales, menos vínculos reales— no es exclusiva de Colombia, pero este estudio la cuantifica con una claridad incómoda en el contexto universitario colombiano.
La respuesta no puede venir únicamente del aparato estatal ni de programas burocráticos diseñados desde arriba. Lo que los datos de la UMB señalan es la necesidad de reconstruir tejido social desde las propias instituciones educativas: mentoría entre pares, comunidades reales, cultura que desestigmatice la vulnerabilidad. El bienestar emocional de una generación no se resuelve con más regulación de algoritmos ni con gasto público mal dirigido; se construye, sobre todo, con la calidad de los vínculos que una sociedad es capaz de cultivar.



