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La sangre de Carrie llega al Foro Shakespeare

El musical basado en la novela de Stephen King abre temporada en Ciudad de México con Edith Gallegos en el papel principal. Una producción que no esquiva el bullying ni el fanatismo religioso.
Imagen ilustrativa
domingo 12 de julio de 2026

El escenario lo dice todo. Cada sábado a las 12:00 horas, el Foro Shakespeare de Ciudad de México se convierte en el bachillerato más oscuro de la cultura pop. Carrie: El Musical, basado en la novela de Stephen King, abrió temporada el 11 de julio y estará en cartel hasta el 29 de agosto.

Edith Gallegos, la actriz que da vida a Carrie White, no llegó al personaje por el camino más corto. Fan declarada de la historia original, reconoce que la noticia de que existía un musical la tomó por sorpresa. «Yo igual cuando me enteré del musical de Carrie, siendo fan de Carrie, dije: 'Ah, caray, un musical de Carrie'. Como que eso me sacó de onda», cuenta. Lo que encontró al escuchar la música la convenció: «está perfectamente adecuada al tono de la historia».

La producción no suaviza los temas que hicieron famosa a la novela. El bullying, el fanatismo religioso y el abuso emocional son el centro de la puesta en escena, no su decorado. Gallegos advierte que el público se topará con «realidades que a veces queremos ignorar, que son incómodas, cosas que pasan todos los días». El formato musical, lejos de dulcificar esas realidades, les añade una capa de intimidad: «a través de las canciones le da más profundidad a los personajes, a lo que sienten».

Para construir a Carrie White desde adentro, Gallegos encontró dos palancas. La primera, una experiencia que considera universal: «todos en nuestra vida hemos sido Carrie por un momento, ya que a veces no nos sentimos entendidos o escuchados o hemos pasado por momentos fuertes». La segunda, precisamente la distancia: «afortunadamente tengo una familia funcional, entonces buscar este lado también ha sido un reto».

El eje más exigente de la obra es el vínculo entre Carrie y su madre, Margaret White, interpretada por Samantha Salgado. Gallegos describe esa relación como un aprendizaje continuo en cada ensayo. «La historia no habla solo del bullying, también habla de las creencias de la familia, de cómo a veces lo que creemos que está bien y hacemos bien, en realidad capaz no está ayudando tanto como creemos», reflexiona. La conexión entre ambas actrices, dice, es el núcleo que sostiene la propuesta: «esos personajes, Carrie y Margaret, tienen que conectar demasiado».

La escena final —la más reconocible de la cultura pop del terror, la ducha de sangre sobre el escenario— tiene su lugar en el Foro Shakespeare. El día del estreno, la reacción fue inmediata. «Nos mencionaron que se impresionaron, ya que, pues sí, siempre es impresionante ver cómo bañan a alguien así de sangre», relata Gallegos tras conversar con la audiencia al salir de función.

Más allá del espectáculo, la actriz plantea un argumento sobre el lugar del teatro frente a las pantallas. Su apuesta es directa: «el teatro no solamente es ir a pasar un rato, a reírte. También puedes aprender muchas cosas que a veces no puedes aprender en otros lugares. Puedes inclusive conectar contigo mismo». Una función en el Foro Shakespeare, cuenta, la ayudó a procesar un momento difícil en su propia vida.

Los detalles cuentan la historia. Carrie: El Musical no es una apuesta de gran presupuesto ni de sala de ópera; es teatro de barrio en el mejor sentido: accesible, directo y dispuesto a incomodar. En una Ciudad de México donde la oferta cultural compite con el scroll infinito, una producción que pone el abuso, la fe distorsionada y la exclusión social en el centro del escenario —y lo hace con canciones— es una declaración de principios sobre para qué sirve el teatro.

La libre empresa cultural rara vez produce piezas tan incómodas como esta. Que una producción independiente apueste por un material que no promete aplausos fáciles ni finales felices dice algo sobre la vitalidad de la escena teatral mexicana, al margen del aparato estatal de la cultura. El público que llegue cada sábado al Foro Shakespeare no saldrá igual. Eso, en el fondo, es lo que el teatro prometió siempre.

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