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La Salle de Panamá y la apuesta por la economía azul

Con más de un siglo de historia, el colegio lanza un Bachillerato Marítimo y renueva su oferta académica para responder a la posición de Panamá como hub mundial. La formación en valores y la alianza con el sector privado internacional marcan el camino.
Imagen ilustrativa
lunes 20 de julio de 2026

La escena lo dice todo. En el salón donde se presentó el nuevo Bachillerato Marítimo del Colegio La Salle de Panamá estaban sentados, entre otros, el Ing. José Ramón Icaza Clément, Ministro para Asuntos del Canal, y la Profa. Agnes De León de Cotes, Viceministra de Educación. La presencia del Estado no era protocolar: era el reconocimiento de que una institución privada con 117 años de historia había vuelto a adelantarse a las necesidades del país.

Desde la llegada de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1904 y la fundación formal del colegio en 1908, La Salle ha operado bajo una lógica que el sector público rara vez logra replicar: leer el mercado, invertir en infraestructura y actualizar el currículo sin esperar instrucciones de una burocracia central. El resultado, según la propia institución, ha sido la formación de presidentes, científicos y artistas a lo largo de su historia.

El giro más reciente es el Bachillerato Marítimo, lanzado para responder al crecimiento logístico del país y a la inversión en nuevos escenarios marítimos. El programa cubre desde la comprensión académica del sector hasta un período de práctica profesional diseñado para el tercer trimestre de duodécimo grado. La institución lo enmarca en lo que denomina la «economía azul», un concepto que abarca las industrias vinculadas al océano y al comercio marítimo, área en la que Panamá ocupa una posición estratégica reconocida globalmente.

Pero el Bachillerato Marítimo no es la única novedad. En 2025 el colegio implementó el Bachillerato en Tecnología e Informática, con un contenido académico alineado, según la institución, a las exigencias de la educación universitaria. El tradicional Bachillerato en Ciencias, por su parte, estrena currículo renovado en 2026. Ambas apuestas apuntan a reducir la brecha entre la escuela secundaria y la universidad, un problema estructural que los sistemas educativos estatales de la región no han logrado resolver con eficacia.

La dimensión internacional de la propuesta es igualmente relevante. La Salle ofrece intercambios en Francia, el Diploma Dual —titulación simultánea Panamá-Estados Unidos—, el La Salle English Program con certificación TOEIC, y la Acreditación de Calidad Educativa CNEP/SACE. Son convenios con instituciones de alto nivel que abren puertas concretas a los egresados, no promesas abstractas de «ciudadanía global».

En el otro extremo del ciclo educativo, el colegio creó el Centro de Atención Integral a la Primera Infancia (CAIPI), distribuido en tres etapas: Lactantes, de tres a doce meses, con énfasis en desarrollo sensorial; No Lactantes, de uno a dos años, enfocado en el desarrollo del lenguaje; y Transición, de dos a tres años, orientado a preparar el primer contacto con el entorno escolar. La lógica es la misma que en el bachillerato: acompañar cada etapa con metodología específica en lugar de aplicar una solución única para todos.

Los detalles cuentan la historia. Para sostener la calidad del cuerpo docente, el colegio habilitó una sala de pesas renovada y formación en primeros auxilios para el personal. Se sumó también el Music Lab, un espacio dedicado al talento musical de los estudiantes. Son inversiones menores en términos absolutos, pero revelan una filosofía de gestión: el bienestar del docente y la formación integral del alumno no son gastos accesorios sino condiciones del modelo.

El Hno. Julio Herrera Paz FSC, director del colegio, y el Hno. Francisco Velásquez Simón, Hermano Visitador de Centroamérica-Panamá, encabezan una red que opera con la disciplina de una empresa bien administrada y la vocación de una misión centenaria. Esa combinación es, precisamente, lo que el Estado difícilmente puede imitar.

Para Hemisferio, el caso La Salle ilustra un principio que los datos regionales confirman una y otra vez: cuando la educación responde a señales del mercado —en este caso, el auge marítimo y logístico de Panamá— y opera con autonomía institucional, los resultados llegan antes y cuestan menos al contribuyente. El Bachillerato Marítimo no nació de un decreto ministerial ni de un plan quinquenal; nació de la lectura de una realidad económica concreta y de la voluntad de invertir en ella. Esa es la diferencia entre la libre empresa aplicada a la educación y el aparato estatal gestionando lo que no conoce.

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