La escena lo dice todo.
Una congresista recién posesionada, un overol rojo con números bordados y carcajadas. Eso fue suficiente para que Laura Beltrán, conocida como «Lalis», representante a la Cámara por Bogotá del Pacto Histórico, protagonizara la primera gran crisis de su mandato legislativo.
El video la muestra junto a la comediante María Camila Fonseca, cuyo pseudónimo es «Macafolla», en un espacio que pretende ridiculizar a la periodista y excandidata presidencial Vicky Dávila mediante un personaje llamado «Micky Ávila». La comediante viste un overol rojo con la cifra de los menores reclutados por las Farc y hace chistes sobre ese flagelo. Beltrán ríe.
«Vamos a hablar de esos hijueputicas niños que ya tienen más de treinta años», dice la comediante en tono de mofa, según recoge el portal El Colombiano. La representante continúa riendo.
La cifra no es abstracta. Según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), 18.677 menores fueron afectados por el reclutamiento forzado durante décadas de conflicto con las Farc. Y el problema no es historia: según un informe de la coalición NiñezYA revelado en febrero de 2026, cada 20 horas un niño es reclutado en Colombia.
Bajo el gobierno Petro, del que Beltrán es defensora declarada, el reclutamiento forzado de menores se incrementó en un 168 %, según datos citados por El Colombiano.
Las críticas no tardaron. Vicky Dávila, objeto directo de la burla en el video, señaló que «algo está mal en la sociedad cuando se aplaude la burla, amparada en el humor ramplón, la tragedia y el dolor que vivieron más de 18.000 niños y niñas reclutados por las Farc». Calificó el reclutamiento como «un delito de lesa humanidad que está impune y una práctica que tristemente persiste».
El Centro Democrático emitió un comunicado calificando el video de «profundamente indignante» y afirmando que el reclutamiento «no es un tema para la ironía ni para la burla», y que «las víctimas merecen respeto, la memoria merece responsabilidad».
Pero la condena no llegó solo desde la derecha. El concejal de Bogotá Julián Rodríguez Sastoque, cercano a la exalcaldesa Claudia López, también repudió el contenido. «Es tan absolutamente repudiable las burlas o el negacionismo sobre los 6.402 falsos positivos, como cualquier consideración rastrera sobre los más de 18.000 niños y familias víctimas del reclutamiento forzado», escribió. Y fue más lejos: «Frente a eso nunca hubo un pronunciamiento de un Carrollo, una Carrascal, un Julián Triana, una Lalis o un Levy Rincón. Su silencio fue infame y complaciente».
Beltrán salió a defenderse en redes sociales. Argumentó que se trata de «sátira política» que «busca visibilizar y cuestionar lo más bajo de la sociedad», y acusó a quienes difundieron el clip de faltarles «rigurosidad» por no subir el video completo. Aseguró que en un fragmento posterior rechaza el flagelo y dice que «nadie puede celebrarlo». Sus detractores le recordaron el caso del excongresista Miguel Polo Polo, quien debió retractarse públicamente y pedir perdón a madres de víctimas de falsos positivos tras una situación similar.
Los detalles cuentan la historia.
Lo que el video revela no es solo una torpeza de una congresista novata. Es el síntoma de una cultura política que, desde el oficialismo, ha normalizado la relativización del dolor de las víctimas del conflicto cuando ese dolor resulta incómodo para su narrativa. El petrismo llegó al poder prometiendo memoria y reparación; tres años después, sus propios legisladores ríen ante los números que resumen el sufrimiento de casi 19.000 familias colombianas. Mientras tanto, el reclutamiento forzado no bajó: subió. La «paz total» tiene un costo que el gobierno prefiere no contabilizar, y que sus aliados en el Congreso, al parecer, prefieren convertir en chiste.



