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La reventa de entradas en torno al adiós de Messi sacude a Yanina Latorre y expone un negocio ilegal en la trastienda

Yanina Latorre dijo que no sabía que su madre y su hermana ofrecían localidades en redes sociales y afirmó que no va a defenderlas. El episodio reaviva la polémica por la reventa de entradas y deja en el centro a la familia, mientras la molestia crece alrededor de un negocio que ella misma calificó de ilegal.
martes 6 de octubre de 2026

La reventa de entradas para el partido despedida de Lionel Messi en el Monumental sumó este lunes un capítulo familiar y explosivo. Yanina Latorre salió a hablar en su programa Yanina 107.9, en El Observador, después de que trascendiera que Dora Caamaño, su madre, y Maite Arruza, su hermana, comenzaron a ofrecer localidades desde sus cuentas en redes sociales a valores superiores a los establecidos por la AFA.

La conductora se despegó por completo de esa maniobra. Dijo que se enteró por redes el fin de semana, que no tenía idea de lo que ocurría y que no va a defender a nadie. También sostuvo que recibió insultos y críticas en las últimas horas por un hecho en el que, según afirmó, no tuvo participación.

«Yo me enteré por redes el fin de semana que desde el Instagram de mi mamá y de mi hermana vendían entradas. Yo no tenía ni idea. Voy a ser absolutamente honesta, no voy a defender a nadie, no voy a justificar a nadie pero no me voy a comer el caramelito de lo que yo no hice», dijo Latorre.

La escena lo dice todo. El partido despedida de Messi, previsto para este martes en el Monumental, generó una demanda inmediata de entradas y, con ella, una nueva ronda de reventa y polémica. La propia Latorre recordó que la discusión no le era ajena: afirmó que la semana pasada había hecho un descargo contra la venta ilegal de entradas de la AFA, o reventa, «como lo quieran llamar».

En su relato, la conductora insistió en que la situación la tomó por sorpresa y que lo que más la molestó fue la participación de su madre y de su hermana. Dijo que le dolió ver a Dora Caamaño, de 86 años, en el medio de la controversia, y apuntó también contra la decisión de su hermana de usar la cuenta de Instagram de su madre.

«Lo que lamento profundamente es que en el medio esté metida mi vieja que tiene 86 años, y mi hermana lo último que tenía que haber hecho, además de no hacer lo que hizo, es meterla a mi mamá porque mi mamá le dio la cuenta de Instagram y mi hermana armó un descalabro», expresó.

Más tarde, endureció todavía más su mensaje. Señaló que está «enojadísima» y que no sabe si podrá recomponer la relación con su hermana. También dijo que no iba a colaborar para resolver el conflicto ni para limpiar la imagen de nadie.

«Ojalá pueda recomponer la relación con mi hermana porque no sé si voy a poder y estoy angustiada. Yo no me merecía esto, mi familia tampoco. Si quieren putear a alguien es con ella; la que se mandó todo este moco», afirmó.

Latorre fue más allá y trató la operación como algo ilegal. «Yo sigo pensando que es un papelón, que es una vergüenza, una falta de respeto, pero yo en esta no tengo nada que ver y no puedo responder nada porque no sé», dijo. Luego remarcó que vender o revender entradas para un partido, ya sea de Messi, de la Selección o del Mundial, «es ilegal».

La controversia además dejó otra precisión de la propia conductora: desmintió que su sobrino, hijo de Maite Arruza, trabaje en la AFA. En medio de la confusión que circuló en redes, dijo que no entiende «el delirio» en el que se metieron.

El caso deja una postal incómoda para una industria que se mueve a la sombra de la urgencia de los hinchas y del valor de un espectáculo deportivo que agota localidades en minutos. Cuando las entradas se convierten en mercancía para la reventa, el costo termina recayendo sobre los fanáticos y sobre un mercado paralelo que erosiona cualquier regla de acceso transparente.

También pone bajo la lupa el uso de cuentas personales y redes sociales como canal para negocios que, según lo dicho por Latorre, cruzan el límite de lo permitido. En el centro queda una idea simple: si las entradas son un bien escaso y codiciado, su desvío hacia la reventa no solo genera polémica; también castiga a quienes intentan comprar por la vía formal.

Para el público, el episodio vuelve a mostrar que detrás del folclore de los grandes partidos hay una trastienda que funciona con incentivos perversos. Y para la AFA, y para todos los que organizan este tipo de eventos, el desenlace vuelve a plantear el mismo problema: cómo impedir que la pasión por ver a Messi termine convertida en una oportunidad para el mercado negro.

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