La escena lo dice todo. Eugenio Tironi habla desde el último piso de un edificio en Providencia, rodeado de libros y retratos firmados de Patricio Aylwin y Ricardo Lagos, con una ventana amplia que mira al norte. El paisaje es casi una metáfora: el sociólogo y ensayista observa el presente chileno desde la altura de quien lleva décadas cartografiando sus mareas.
Su nuevo libro se llama La resaca, y el título lo dice todo. Si en El desborde analizó la fuerza de la ola progresista que atravesó la política y la cultura chilenas, en esta entrega aborda su retroceso: cómo el país transitó del estallido social y el proceso constituyente al cansancio, la demanda de orden y el triunfo electoral de José Antonio Kast. «Una ola que generó mucho entusiasmo en ciertos sectores, y también mucho temor en otros, y que de pronto comienza a volver atrás y vuelve incluso más atrás del punto de partida», define Tironi.
El diagnóstico sobre Gabriel Boric es matizado pero severo en sus límites. «Boric fue un personaje al cual la historia le dio la espalda en plena instalación. La historia prácticamente no le dejó espacio para desplegarse en el escenario», escribe. Aun así, Tironi le reconoce al mandatario una virtud que considera escasa en la izquierda latinoamericana: la capacidad de adaptarse. «Lo de Boric fue un intento de adaptación a una nueva correlación de fuerzas. Cambió su forma de gobernar; lo hizo con desgarro personal y político, pero lo hizo. Y esto lo distingue mucho de Allende», sostiene.
La derrota de la Convención Constitucional fue, según Tironi, un shock generacional comparable al golpe de 1973: «La noción que tenían respecto de cómo marchaba la historia, cómo marchaba el país y cuál era el norte que lo orientaba, de pronto se despedazó». No con los Hawker Hunter, precisa, «sino con el voto obligatorio».
El costo del doble proceso constitucional tampoco se soslaya. Tironi cita al exministro Mario Marcel, quien cifró ambos intentos en 2.400 millones de dólares. Aun así, el sociólogo defiende el saldo: «¿Tuvo un costo económico? Lo tuvo: inflación, deterioro del mercado de capitales y ahuyentamiento de la inversión extranjera. Pagamos montones de costos, pero creo que salvamos lo esencial, que es la democracia y la paz civil».
Tres factores, en su lectura, contuvieron el desborde: el proceso constitucional como válvula de escape, la pandemia —que el gobierno de la época «aprovechó para contener el incendio»— y la elección de Boric. El resultado, paradójico para la izquierda, fue una relegitimación institucional y «una suerte de aceptación, aunque sea resignada o entusiasta, del capitalismo como modo de organización de la economía».
Pero el presente preocupa más a Tironi que el pasado. Tras conocer las conclusiones del Congreso del Frente Amplio, el sociólogo advierte que la izquierda no está extrayendo las lecciones correctas. «¿De qué sirve declararme socialista? Es la búsqueda de una definición identitaria que vuelve a hablarle al siglo XX o al siglo XIX. No le habla al siglo XXI», dice. La izquierda, a su juicio, mira el futuro «con espejo retrovisor»: rinde cuentas hacia atrás en lugar de proyectarse hacia adelante. «La oposición actual está groggy, porque no sabe cómo hacer frente a la resaca de Kast», sentencia.
La resaca será presentado el 11 de agosto en el centro cultural Ceina, con la académica María José Naudon y el propio mandatario entre los participantes.
---
Lo que Tironi describe, sin proponérselo como elogio al orden, es en realidad la lógica implacable de las consecuencias. Una izquierda que prometió refundar el país desde una Convención terminó pagando con inflación, fuga de inversión y 2.400 millones de dólares el precio de su ambición desmedida. El mercado, las instituciones y el electorado emitieron su veredicto con más claridad que cualquier encuesta.
El diagnóstico de Tironi es valioso precisamente porque viene de adentro: no es un adversario ideológico quien constata el agotamiento progresista, sino uno de sus intelectuales de referencia. Cuando hasta los propios cartógrafos de la ola admiten que el agua retrocedió más allá del punto de partida, la pregunta ya no es si la resaca ocurrió, sino cuánto tarda la orilla en secarse.



