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La red médica moviliza 16 ciudades tras el terremoto del occidente colombiano

La Asociación Colombiana de Sociedades Científicas abrió centros de acopio en todo el país para canalizar medicamentos, alimentos e insumos hacia las zonas sin luz ni atención suficiente. La sociedad civil lleva la delantera.
Imagen ilustrativa
martes 11 de agosto de 2026

El lunes 10 de agosto, mientras las réplicas todavía se sentían en el occidente colombiano, la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas (ACSC) anunció la habilitación de centros de acopio en 16 ciudades del país. El terremoto de magnitud 7.4 que golpeó la región había dejado familias sin seres queridos, personas lesionadas y viviendas destruidas. La respuesta no vino del aparato estatal: vino de la comunidad científica organizada.

Los puntos de recepción funcionarán en sedes de la Sociedad Colombiana de Anestesiología y Reanimación (S.C.A.R.E.) en Medellín, Barranquilla, Bogotá, Cartagena, Tunja, Popayán, Valledupar, Montería, Riohacha, Neiva, Santa Marta, Villavicencio, Pasto, Cúcuta, Bucaramanga y Sincelejo. En Bogotá, las donaciones pueden llevarse a la carrera 15A #120-74. En Medellín, al edificio Torre Sudameris, carrera 43A #1 Sur-100, oficina 1004. En Barranquilla, al Prado Office Center, carrera 54 #68-196.

La lista de necesidades es precisa y urgente. En materia médica, la ACSC solicita líquidos endovenosos, tubos endotraqueales, máscaras laríngeas, equipos de succión, gasas estériles, jeringas, agujas, catéteres intravenosos, guantes, tapabocas, antisépticos, material para curaciones, yesos y vendajes, entre otros insumos. Todos deben ser nuevos, estar empacados en buen estado y contar con fecha de vencimiento vigente. No hay margen para la improvisación.

La organización también abrió la puerta a un elemento poco convencional en las listas de ayuda humanitaria: plantas generadoras de energía. Varias de las zonas afectadas permanecen sin servicio eléctrico, lo que convierte a los generadores en equipamiento tan crítico como cualquier insumo quirúrgico.

En materia alimentaria, los kits requeridos incluyen arroz, pasta, harina, avena, lentejas, fríjoles, garbanzos, alimentos enlatados, leche en polvo o de larga duración, aceite, sal, azúcar, café, chocolate, galletas, barras de cereal, agua embotellada y bebidas de rehidratación oral. Estos recursos están destinados no solo a los damnificados directos, sino también a pacientes hospitalizados, sus familiares y al personal de salud en turno.

Ese último punto merece atención. La ACSC pidió expresamente apoyo para los profesionales sanitarios que permanecen en jornadas extendidas atendiendo la emergencia: agua, bebidas de rehidratación, café, chocolate, barras de cereal, galletas, frutos secos y suplementos nutricionales. Muchos de esos trabajadores, señaló la asociación, también forman parte de las comunidades golpeadas por el sismo. Atienden a las víctimas mientras procesan sus propias pérdidas.

La organización fue enfática en un punto: la solidaridad debe ser ordenada. Invitó a profesionales de la salud, sociedades científicas y ciudadanos a sumarse, pero pidió hacerlo atendiendo exclusivamente las necesidades comunicadas de manera oficial, para evitar que la acumulación desordenada de donaciones sature los canales de distribución o llegue material innecesario a zonas que requieren otra cosa.

Los detalles cuentan la historia. Lo que la ACSC puso en marcha el 10 de agosto no es solo una cadena de donaciones: es una red de coordinación técnica que convierte la solidaridad espontánea en capacidad real de respuesta. Esa diferencia —entre el impulso generoso y la acción eficaz— es precisamente lo que determina cuántas vidas se salvan en las primeras 72 horas.

Para Hemisferio, la escena lo dice todo: cuando el Estado tarda en reaccionar ante una catástrofe de esta magnitud, son las instituciones de la sociedad civil —gremios profesionales, asociaciones científicas, redes de voluntarios organizados— las que llenan el vacío. La libre iniciativa de ciudadanos y profesionales, encauzada con criterio técnico, demuestra una vez más que la respuesta más rápida y más eficiente no siempre llega desde una oficina gubernamental. El reto, ahora, es que las autoridades no obstaculicen lo que la sociedad ya puso en marcha.

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