La escena lo dice todo. Un miércoles por la tarde, en el edificio patrimonial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile —la casa de estudios conocida popularmente por su dirección en Pío Nono— el decano Pablo Ruiz-Tagle presidió la inauguración de una sala de conferencias bautizada con el nombre de Ricardo Lagos. El expresidente, quien hace tiempo había optado por alejarse de la vida pública, asistió en persona.
El gesto no fue menor. Lagos estudió Derecho en esa facultad entre 1955 y 1960, fue docente en sus aulas y ostenta el título de profesor emérito. Sin embargo, cuando llegó el momento de donar su archivo personal, lo entregó a la Universidad Diego Portales, no a su alma mater. Esa decisión dejó una herida institucional que diversas gestiones fueron cosiendo con paciencia hasta desembocar en la ceremonia de este miércoles.
«Un destacado abogado y profesor, cuyo nombre está unido a esta facultad y que también lo está a la más alta política chilena como un importante hombre de Estado de nuestra República», dijo Ruiz-Tagle al presentar al homenajeado. Las palabras del decano trazaron un arco que va desde las aulas de pregrado hasta La Moneda.
El recorrido político de Lagos dentro de la propia facultad comenzó temprano. Fue delegado de curso, luego delegado del Centro de Alumnos de Derecho a la Fech. En 1957 presidió el Grupo Universitario Radical de la Escuela de Derecho y en 1958 fue elegido presidente del Centro de Alumnos de la Facultad. Una carrera estudiantil que anticipaba, en escala reducida, lo que vendría décadas después.
Pero Ruiz-Tagle también destacó las credenciales académicas. Junto al profesor Alberto Baltra, Lagos investigó la concentración y estructura de los grupos económicos chilenos. Ese trabajo se convirtió en su memoria de grado, terminada en 1959 y calificada con la nota máxima. Por reglamento, debía ser publicada por la Editorial Jurídica. No lo fue: encontró detractores y finalmente apareció en 1961 bajo el sello Editorial del Pacífico con el título La concentración del poder económico.
El libro alcanzó cinco ediciones y, según recordó el decano, «generó una gran discusión tanto a nivel académico como político». Lagos ha contado como anécdota que los ingresos de ese texto le permitieron comprar gran parte de los electrodomésticos de su casa al regresar a Chile tras sus estudios en la Universidad de Duke, en Estados Unidos.
La sala inaugurada este miércoles se suma a la 203 del Edificio Los Presidentes, donde cada espacio lleva el nombre de un mandatario. «Esta, en nuestro edificio patrimonial, probablemente destaca su condición académica», precisó Ruiz-Tagle al cerrar su discurso.
Lagos fue presidente de la República entre 2000 y 2006, y es considerado uno de los actores centrales de la transición a la democracia en Chile.
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La trastienda de este acto revela algo más que un homenaje protocolario. La reconciliación entre Lagos y su facultad de origen tomó años y requirió gestiones específicas para que el expresidente aceptara asistir. Que lo haya hecho dice algo sobre el peso simbólico que conservan las instituciones académicas cuando actúan con criterio y paciencia, en lugar de esperar que el Estado resuelva lo que la propia comunidad puede gestionar.
Hay, sin embargo, una nota de ironía discreta en el episodio: la memoria de grado que le abrió las puertas del reconocimiento —un análisis crítico de la concentración del poder económico— fue bloqueada en su momento por quienes debían publicarla y sobrevivió gracias al mercado editorial privado. Los detalles cuentan la historia.



