La escena lo dice todo. El 20 de julio de 2026, unas 20.000 personas —en su mayoría estudiantes y jóvenes— desbordaron las calles de Nueva Delhi y marcharon hacia el Parlamento. La policía de Delhi respondió con barricadas, bastones y gases lacrimógenos. Según las autoridades, cerca de 180 personas resultaron heridas en los enfrentamientos: 118 agentes de seguridad y 60 manifestantes. Abhijeet Dipke, fundador del movimiento, afirmó que 150 de sus seguidores recibieron atención hospitalaria.
Ese lunes marcó, según los propios organizadores, una de las mayores concentraciones antigubernamentales que ha visto India en años. Y no fue un destello aislado: el martes continuó una sentada en Jantar Mantar, a pocos metros del edificio parlamentario, y el miércoles los manifestantes seguían en pie.
El insulto que encendió la mecha
Para entender el presente hay que volver a ese mayo. La presidenta de la Corte Suprema de India hizo un comentario durante una audiencia —sin relación directa con el escándalo educativo— en el que comparó a los jóvenes desempleados con «cucarachas» y «parásitos». La reacción fue inmediata. Dipke, quien había terminado sus estudios en la Universidad de Boston y vivía entonces en Estados Unidos, respondió en redes sociales con una pregunta retórica: «¿Qué pasaría si todas las cucarachas se unieran?»
Esa publicación se viralizó. En pocas semanas, más de 20 millones de personas seguían las cuentas de Dipke. El gobierno de Modi bloqueó temporalmente esas plataformas. El movimiento ya tenía nombre: Cockroach Janta Party (CJP), una referencia simultánea al insulto judicial y al partido gobernante, el Bharatiya Janata Party.
El examen que nadie puede olvidar
El combustible más inmediato, sin embargo, es el escándalo del NEET. El 3 de mayo se celebró la prueba nacional de acceso a programas de medicina de pregrado —el examen más competitivo del país—. Una investigación posterior confirmó que las preguntas habían sido filtradas. Las autoridades anularon los resultados. Más de dos millones de estudiantes se vieron obligados a repetir una prueba que exige meses de preparación y tiene un costo económico considerable para las familias.
No era la primera vez: la fuente documenta que el NEET ha sufrido filtraciones e irregularidades en años anteriores. La acumulación de escándalos convirtió la anulación de mayo en el detonante perfecto para una generación que también carga con tasas de desempleo extremadamente altas y una presión económica que el crecimiento del PIB indio no ha logrado aliviar para los más jóvenes.
La trastienda política
Durante semanas, el primer ministro Narendra Modi guardó silencio sobre la filtración. El martes, por primera vez desde mayo, hizo sus primeros comentarios públicos sobre el asunto: según un ministro del gabinete, defendió la respuesta del gobierno y prometió castigar con rigor a los responsables.
El ministro de Educación, Dharmendra Pradhan —cuya renuncia exige el CJP—, no cedió. En una publicación en X, condenó la protesta frente a la residencia de Modi y afirmó que el gobierno «sigue comprometido al cien por ciento» con discutir la filtración del examen y «atender cada preocupación genuina de nuestra juventud en el hemiciclo». «Les debemos a nuestros estudiantes más que indignación. Les debemos respuestas, reformas y rendición de cuentas», escribió.
Mientras tanto, el líder de la oposición Rahul Gandhi fue detenido durante una protesta en la residencia de Modi. La noticia generó manifestaciones adicionales en Hyderabad y otras ciudades. Al día siguiente, legisladores del partido opositor Congreso Nacional Indio protestaron dentro del Parlamento en solidaridad con el CJP.
Un ministro del gobierno se reunió con representantes del movimiento para escuchar sus demandas —aparentemente el primer contacto formal entre ambas partes—, aunque Dipke canceló la marcha del martes por razones de seguridad: «No marcharemos de nuevo porque la policía volverá a lastimar a los jóvenes», declaró en rueda de prensa.
Lo que está en juego
El movimiento cucaracha nació como sátira digital hace apenas dos meses. Hoy mueve decenas de miles de personas en las calles de la capital y ha forzado al gobierno más poderoso de la historia reciente de India a romper su silencio.
Los detalles cuentan la historia. Un sistema de exámenes nacionales infiltrado por la corrupción, más de dos millones de jóvenes perjudicados y un aparato estatal que tardó semanas en pronunciarse: ese es el caldo de cultivo que ningún algoritmo de redes sociales creó solo. Lo que el CJP ha logrado visibilizar es que cuando las instituciones fallan a quienes más dependen de ellas —los estudiantes que apuestan su futuro a una prueba justa—, la desconfianza no se queda en Twitter. Sale a la calle. La pregunta que Modi no ha respondido todavía no es si castigará a los responsables de la filtración, sino si el sistema que la hizo posible sobrevivirá intacto.


