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La promesa de Petro a Uribe: «Cumplí»

A menos de un mes de dejar la Casa de Nariño, el presidente colombiano usó el traslado de Santiago Uribe a una guarnición militar para proclamar que gobernó sin venganza. El gesto cierra un ciclo, pero no resuelve el balance de cuatro años.
Imagen ilustrativa
sábado 11 de julio de 2026

La escena lo dice todo.

Un expresidente agradece en público. Un presidente saliente responde con una sola palabra en X: «Cumplí». Y con ese monosílabo, Gustavo Petro convirtió el traslado de Santiago Uribe Vélez a una guarnición militar en algo más grande que un trámite administrativo: en el último capítulo simbólico de la relación más tensa de la política colombiana reciente.

El antecedente inmediato fue el pronunciamiento de Álvaro Uribe, quien agradeció públicamente al Gobierno, al Inpec y a las Fuerzas Militares por la autorización del traslado de su hermano. La decisión permite que Santiago Uribe cumpla su condena en instalaciones militares. Uribe no aprovechó el momento para confrontar al Gobierno; se limitó a agradecer.

Petro tampoco entró en los detalles judiciales del caso. Según la información publicada por Revista Semana, el mandatario usó su cuenta de X para revelar una promesa que, según dijo, asumió desde el inicio de su administración: respetar a la oposición y no actuar con retaliaciones contra la familia del expresidente. «No actuar con venganza», fueron sus palabras. Y luego, el cierre: «Cumplí».

El mensaje tuvo impacto porque la historia entre ambos dirigentes es larga y áspera. Petro llegó al poder como una de las voces más críticas del uribismo. Uribe ha sido uno de los referentes más fuertes de la oposición a su proyecto político. Sus debates han atravesado más de dos décadas y han tocado seguridad, paz, economía, justicia y modelo de Estado. Que el capítulo final de esa confrontación se escriba con un agradecimiento y un monosílabo es, cuanto menos, un desenlace inesperado.

En las redes sociales, la publicación presidencial abrió una discusión inmediata. Algunos usuarios leyeron las palabras de Petro como una muestra de respeto institucional hacia un opositor histórico. Otros recordaron los choques constantes que ambos protagonizaron durante sus trayectorias públicas y pusieron en duda que un solo gesto alcance para redefinir cuatro años de gobierno.

Lo que no está en disputa es el dato: a menos de un mes de dejar la Presidencia, Petro volvió a referirse a Uribe, figura que ha ocupado un lugar central en su discurso político durante décadas. Y lo hizo no para atacar, sino para proclamar que su Gobierno respetó las garantías de la oposición incluso frente al sector político más crítico de su administración.

Los detalles cuentan la historia.

El traslado de Santiago Uribe quedó en el centro del debate, pero el mensaje presidencial desplazó parte de la atención hacia esa promesa política. Petro conectó la decisión administrativa con la idea de no ejercer el poder como herramienta de persecución. Es un argumento que él mismo construyó y que ahora, en la recta final de su mandato, intenta sellar como legado.

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Para Hemisferio, la lectura es más sobria. Que un presidente saliente necesite proclamar en redes que no usó el aparato estatal para perseguir a sus adversarios dice tanto sobre las expectativas que generó como sobre el estándar mínimo que se le exige a cualquier gobierno democrático. El respeto a la oposición no es un favor político: es una obligación constitucional. Presentarlo como un acto de generosidad personal revela, involuntariamente, cuánto pesó la concentración de poder en estos cuatro años.

El gesto hacia la familia Uribe es real y merece reconocimiento. Pero el balance del petrismo no se escribe con un monosílabo en X ni con un traslado penitenciario en julio. Se escribe con los índices de seguridad, con el estado de la inversión privada y con las instituciones que el próximo gobierno recibirá. Ese es el expediente que Colombia está a punto de abrir.

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